Bodas legales entre gays
Lois Farnham y Holly Puterbaugh no estarán entre los 75 mil «gays» y lesbianas que, el sábado, llegarán a Roma desde América del Norte para la «kermesse del Orgullo gay».
Ese día tendrán algo mejor que hacer: de pie frente a un pastor de South Burlington intercambiarán anillos y promesas de amor para «ser miembros de la misma familia» con la bendición del estado de Vermont, noreste de Estados Unidos.
El sábado, en efecto, entrará en vigor en el pequeño estado que se encuentra entre los bosques vecinos a Canadá la controvertida ley sobre uniones civiles sancionada por el Parlamento local a fines de abril, con firma del gobernador Howard Dean.
La ley garantiza a los contrayentes los mismos derechos de las parejas heterosexuales; «Yo Lois te tomo a ti Holly como mi legítima esposa en la buena y en la mala suerte, en la salud y en la enfermedad y me comprometo a amarte y honrarte siempre», dirá Farnham según la fórmula establecida sobre el modelo de la utilizada en los matrimonios tradicionales.
Para Lois y Holly, que conviven desde hace 28 años, es una victoria especial; profesora de matemáticas en la University of Vermont una, y enfermera la otras, ambas mujeres fueron iniciadoras de la batalla legal que, en diciembre, llevó a la aprobación de la ley. «Cuando te enamoras y encuentras al compañero de toda la vida quieren compartir tu alegría con los otros», explicó la profesora.
Una vez unidas civilmente Lois y Holly tendrán los mismos derechos hereditarios, de expectativa familiar, de cobertura médica y de permiso de visita oficial, que el acordado al cónyuge en los matrimonios tradicionales.
«Por primera vez hemos sido tratadas con los mismos parámetros. Por primer vez la ley no trata de desalentarnos por ser ‘gays'», comentó Beatrice Dohrn, consultora legal de Lamda, un grupo «gay» de Nueva York.
La nueva ley de Vermont prevé para las uniones civiles una estructura organizativa paralela a la de los matrimonios.
Serán las oficinas públicas de la ciudad las que entregarán las autorizaciones después del pago de una tasa de 20 dólares. La unión, como en el caso del matrimonio, debe luego ser formalizada, antes de los 60 días, frente a un juez de paz, un magistrado e incluso un sacerdote.
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