México busca la democracia
En la larga lista de asesinados en la lucha política nacional sobresalen Emiliano Zapata, muerto en 1919, y Francisco «Pancho» Villa, asesinado en 1923, los principales caudillos de la Revolución de 1910 que ocasionó la muerte de más de un millón de mexicanos.
Estos crímenes, que tuvieron como corolario el acribillamiento en 1994, de Luis Donaldo Colosio, aspirante presidencial por el Partido Revolucionario Institucional (PRI, con 71 años en el poder), se iniciaron dos siglos atrás, con los fusilamientos de los curas caudillos Miguel Hidalgo y José María Morelos, cabezas de la Independencia de 1810.
El 2 de julio, 59 millones de mexicanos decidirán al sucesor del presidente Ernesto Zedillo, que probablemente marque el fin de 71 años en el poder del PRI, según las encuestas finales que dieron amplias posibilidades de triunfo al candidato opositor derechista Vicente Fox.
De acuerdo con esos sondeos, divulgados una semana atrás, el candidato oficialista Francisco Labastida, ex ministro del Interior, se encuentra empatado «técnicamente» en 40 puntos porcentuales con Vicente Fox, el aspirante opositor más fuerte de toda la historia moderna mexicana.
El próximo domingo los mexicanos acudirán a las urnas para celebrar «una fiesta cívica» nacional, afirmó el presidente Zedillo, quien entregará el poder el 1 de diciembre.
Pero la civilidad que hoy se vislumbra en el país contrasta con la violencia histórica en el quehacer político mexicano, que ocasionó el asesinato del presidente Francisco I. Madero (1912), considerado como el «apóstol de la democracia», y su vicepresidente José María Pino Suárez (1913); y los ex mandatarios Venustiano Carranza (1920) y Alvaro Obregón (1928).
Durante la insurgencia independentista iniciada en 1810, el crimen político impuso en forma macabra su artera ley en México, según los textos históricos.
De 1810 a 1867 no sólo fueron asesinados casi todos los caudillos seguidores de los curas rebeldes, sino otros políticos y militares.
Entre los asesinados destacan los hermanos Ignacio y Juan Aldama, Francisco Javier Mina, Mariano Matamoros, Agustín de Iturbide, Ignacio Comonfort, Hermenegildo Galeana, y Maximiliano de Habsburgo, el emperador de México fusilado en el Cerro de las Campanas junto con los generales Miguel Miramón e Ignacio Mejía acusados de «traición a la Patria» en la lucha contra la intervención francesa de 1867.
De 1876 a 1911 los mexicanos vivieron la ferocidad de la dictadura del general Porfirio Díaz, que bajo la consigna de «Â¡mátenlos en caliente!» se mantuvo en el gobierno hasta su exilio en París obligado por la Revolución de 1910 encabezada por Madero, «Pancho» Villa y Zapata, la figura legendaria hoy adoptada por el rebelde Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que desde 1994 desafió al gobierno con demandas de justicia social.
Luego, de 1913 a 1928 hubo en México 15 años trágicos con cruentas luchas por el poder entre los generales de la Revolución, que terminaron con el asesinato de Alvaro Obregón luego de reelegirse como presidente.
El 4 de marzo de 1929 fue constituido el Partido Nacional Revolucionario (PNR) bajo el lema de «Instituciones y Reforma Social», el antecedente directo del PRI, que surgió el 18 de enero de 1946 con el lema «Democracia y Justicia Social», asumiendo algunos principios ideológicos de sus antecesores, pero eliminando toda alusión al socialismo.
El 23 de marzo de 1994 en Tijuana, Baja California, fue acribillado el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, en un crimen aún irresuelto y donde allegados al dirigente atribuyen el crimen a intereses políticos.
Señalaron como sospechosos al ex presidente Carlos Salinas y su asesor, José María Córdoba, quienes supuestamente encabezaron una «gran conspiración» para acabar con Colosio, disgustados porque el aspirante presidencial les había dado la espalda. El 2 de julio, dijo el presidente Zedillo, un millón de hombres y mujeres recibirán el voto ciudadano, vigilarán la transparencia del proceso y lo observarán en sus detalles para dar testimonio «de la madurez y la solidez» de la democracia en México.
La incertidumbre que cruzó el ambiente preelectoral en las elecciones mexicanas de 1994, en las que resultó ganador el candidato presidencial del gobernante PRI, Ernesto Zedillo, está presente otra vez en vísperas de los comicios del domingo, pero esta vez ante la posible alternancia en el poder.
En julio de 1994, el voto «del miedo», según lo denominaron analistas, favoreció con 48,77 por ciento de los sufragios a Zedillo.
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