El pionero del ADN sorprendido

James Watson fue el pionero del ADN, el primero en entrever, casi medio siglo atrás, la célebre doble hélice o hilera que llevó a descifrar el «libro de la vida» y aún hoy está sorprendido por la fulminante evolución de las investigaciones genéticas.

«Jamás habría imaginado, en la primavera de 1953, que el mapa genético humano se completaría mientras yo estuviera vivo», confesó Watson al diario Los Angeles Times.

«En 1966, a sólo trece años del descubrimiento de la doble hélice del ADN, por mí y Francis Crick, la esencia del código genético y el funcionamiento de los mecanismos que permiten al organismo leerlo habían ya sido adquiridos por la investigación científica», observó Watson.

El científico fue un pionero incluso en los primeros pasos del colosal Proyecto Genoma Humano.

«La idea inicial era comenzar por genomas relativamente más pequeños, como los de las bacterias, de 1 a 13 millones de letras, y los de los gusanos y moscas, 100 millones de letras para luego pasar al hombre», advierte Watson.

«Cuando me presenté en el Congreso, en 1987, para obtener los fondos, prometí que antes de completar el mapa habríamos logrado clonar muchos de los genes clave que predisponen al Alzheimer, al cáncer de mama y al de colon, y también a todas las enfermedades hereditarias».

Watson afirma que siempre peleó duramente para que el esfuerzo para conseguir el mapa del genoma fuese internacional.

«De este modo ninguna nación y ningún ente privado tendría la posesión del genoma humano», recordó el científico.

«Peleamos incluso para que todas las informaciones fuesen colocadas en Internet para que estén libremente disponibles para todos».

El científico advirtió con ironía que el éxito de la investigación sobre el genoma provocó un «cambio de actitud», entre los enemigos iniciales del proyecto.

«En lugar de luchar para bloquear la investigación, como hicieron hasta 1991, ahora nos piden que pasemos rápidamente del genoma del ratón al del perro».

«Ningún otro gran proyecto científico, salvo quizás el ‘Proyecto Manhattan’, se efectuó con tanta atención puesta en el bien común».

«Publicando tan rápida y libremente los progresos, los investigadores comprometidos tuvieron poco tiempo para promover su reputación científica».

En los últimos años, el sector privado trató de imponer la idea de que quienes habían iniciado el proceso «no eran ya necesarios, pero estos esfuerzos fracasaron».

«Los hechos de las últimas semanas –concluyó Watson–, demostraron que quien trabaja para el bien público no siempre es derrotado por quien es impulsado solamente por el interés personal».

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