Genes peligrosos
En Estados Unidos, después del histórico objetivo del mapa del genoma, son numerosas las voces que se levantaron para advertir sobre los peligros encerrados entre los pliegues del gran cambio.
Entre ellos, hay peligros inmediatos como la discriminación genética y la invasión de la privacidad más íntima, es decir, la del propio ADN, pero también peligros más lejanos, pero no demasiado, como la perspectiva de los recién nacidos «firmados», «dibujados» sobre una mesa a partir de las indicaciones de los padres.
El mapa del genoma permitirá individualizar los defectos genéticos responsables de muchas enfermedades y corregir estas alteraciones.
Pero también los científicos más optimistas admiten que entre la individualización de la anomalía genética y el descubrimiento del remedio habrá siempre un intervalo de años.
«¿Cómo impedir que las personas a las que se les diagnostica un defecto genético no sean discriminadas en el trabajo, o un caso aún más probable, por las compañías de seguros?», observó Erik Peres, un especialista en bioética.
Además de sus antecedentes profesionales ¿la persona que busca un trabajo deberá presentar también el propio código genético?
Entre los primeros que hicieron la advertencia está el propio Craig Venter, líder de uno de los dos equipos, el privado, protagonistas de la gran carrera por descifrar el «libro de la vida».
«La historia de la eugenética, desde los nazis de Hitler a las recientes guerras libradas en nombre de la ‘limpieza étnica’, es una clara advertencia en el sentido de que la humanidad puede no estar aún lista para el conocimiento genético que entró en su poder», subrayó Venter. «Ideologías basadas en la limpieza genética no pueden ser excluidas en el futuro».
Venter propone la creación de un organismo internacional, compuesto por científicos y bajo los auspicios de Naciones Unidas, que pueda informar a los gobiernos acerca de las implicancias éticas que cada nuevo descubrimiento conlleva.
«El gran potencial del genoma puede ser retrasado e incluso perderse si no logramos dar una respuesta inmediata, política y legislativa, al nuevo objetivo alcanzado por la sociedad», advirtió Art Caplan, director del centro bioético de la Universidad de Pensilvania.
La tutela de la privacidad genética está en primera línea, una tutela que no afecta sólo a los vivos, porque «incluso los muertos son vulnerables a la modificación genética, subraya Caplan, con la posibilidad de que el análisis del ADN haga emerger información reservada y potencialmente complicada».
Un aspecto inquietante es el de los recién nacidos «proyectados» a medida, desde el color de la piel al de los ojos, desde las características físicas a las de la personalidad.
«Muchas personas pueden experimentar repulsión ante la sola idea de perfeccionar embriones de hijos –afirmó Mildred Cho, de la Stanford University–. Pero éste es un problema personal y no todos lograrán escapar a la tentación».
Ahora que el hombre está en posesión de su manual de construcción, ¿de qué manera es posible escapar a la tentación de mejorar el modelo?
Según Vener es preciso crear un sistema universal de criterios éticos.
Existe también una escuela de pensamiento optimista que plantea la hipótesis de desaparición de las distinciones raciales y étnicas, basadas ahora en características físicas que en el futuro serán modificables.
La confirmación de que todos los hombres, en el 99,9 por ciento de sus características físicas, son idénticos puede contribuir a romper barreras que aún nos dividen, pero ésta para muchos es apenas una ilusión.
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