La "ciberfobia" pone en riesgo el matrimonio
Un seminario de la Iglesia anglicana advirtió ayer sobre lo que llama «cyberfobia», que afecta a hombres mayores de 40 años que le temen a las computadoras y están en riesgo de destruir sus matrimonios y su felicidad.
El seminario sobre el matrimonio, que comenzó hoy en el colegio de San Marcos y San Juan de Plymouth, Inglaterra, lanzó una alarma y explicó que si un hombre superó los 40 años, odia las computadoras y desconfía de los colegas más jóvenes está por entrar en la andropausia con típicos síntomas de «cyberfobia».
«El miedo a la tecnología puede destruir a un hombre, su matrimonio, su carrera, su paz interior y su equilibrio», afirmó el profesor George Lotter, director de un centro de asistencia social en Johannesburgo, Sudáfrica.
La cyberfobia es una enfermedad seria, advirtió el experto.
Afecta a los sujetos varones entre los 35 y los 50 años que sienten un temor exagerado por las computadoras y, sobre todo, les aterroriza la idea de ser superados en la oficina por uno de los jóvenes genios de la informática, esos jóvenes imberbes que se sienten completamente cómodos en la era electrónica y en la «nueva economía».
Lotter afirmó que vio con sus propios ojos varios casos: «El varón de una cierta edad se siente amenazado, pero no se da cuenta de que tiene un problema físico y psicológico». «Para superar sus frustrantes miedos el ‘cyberfóbico’ comienza a ir al gimnasio, abandona la vestimenta tradicional a favor de una más ‘casual’, muchas veces se rapa la cabeza para esconder la calvicie y socializa con la gente más joven», explicó el profesor a los 40 colegas presentes en el seminario y llegados de todas partes del mundo.
El adulterio es inevitable, añadió, porque «no se siente más satisfecho por la esposa porque ella pertenece al mundo en versión antigua y busca una nueva mujer». Pero las consecuencias pueden ser desastrosas. «Son pocos los que logran crearse una vida diferente», dijo Lotter. «La mayor parte pierde el puesto de trabajo y destruye la familia».
Pero lo bueno de todo esto es que la «cyberfobia» es fácil de diagnosticar. Las señales son claras: obsesión por los colegas más jóvenes, cambios físicos –la espalda encorvada, un poco de panza, la caída del cabello y algún problema sexual– a los que siguen la depresión y el abuso del alcohol y cigarrillos.
A esta altura, antes de que el hombre entre en la espiral suicida del vano y desesperado intento de rejuvenecer, debe entrar en acción su esposa, si todavía la tiene. Sólo ella puede salvarlo.
«Toca a la esposa intervenir porque el hombre nunca admitirá por propia iniciativa que tiene un problema. Pero si es ella quien le propone un médico o un psicólogo tiene buenas esperanzas de curarse», explicó Lotter.
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