Opinion Internacional

Globalización y paradojas de la historia

La publicista francesa Viviane Forrester apunta en su reciente ensayo, «Una Dictadura Extraña», que la palabra «globalización» es usada y promovida como algo que contiene todo lo que sucede en nuestra época. El contexto en que se presenta el fenómeno de la globalización es por demás característico para el capitalismo realmente existente: actualmente se producen, por ejemplo, más alimentos que los necesarios para darle de comer a la población del mundo. No obstante se producen hambrunas en serie en varios países de Africa y Asia.

Por otro lado tiene lugar un incremento tremendo de la pobreza en nuestro planeta y especialmente de la explotación del llamado Tercer Mundo. En las denominadas zonas de «mano de obra barata» la pobreza y la indigencia están alcanzando niveles desconocidos hasta la fecha, campeando el trabajo de menores y la superexplotación de las mujeres.

En base a este contexto, cabe la pregunta: ¿qué significa y qué pretende lograr el sistema con la globalización? Las respuestas, seguramente unánimes de todos quienes se ocupen del tema, serán coincidentes: que es la ampliación y el crecimiento de la forma de producción capitalista más allá de la eficiencia hasta ahora conocida y hasta los rincones más recónditos del planeta. La cosa se pone más compleja cuando se quiere indagar por qué el sistema recurre precisamente ahora a la globalización. En el Diccionario de Relaciones Internacionales de 1998, editado por Graham Evans y Jeffry Newnham, se dice lisa y llanamente que ya Carlos Marx se dio cuenta que el capitalismo no puede ser encerrado en límites de fronteras geográficas.

Por lo tanto, el capitalismo y la globalización van juntos. Esto es un gran embuste, bien promovido por los grandes monopolios y sus agentes de publicidad y prensa.

Globalizar para asegurar máximas ganancias

La globalización es una acción de socorro determinada por una situación de emergencia y de crisis de los mercados para la producción, que se ha convertido en un verdadero fantasma. Viviane Forrester argumenta frontalmente que la globalización es una gran mentira generalizada para encubrir el papel de la máxima ganancia. Los economistas Miguel Chossudovsky y Jean Ziegler son más categóricos al afirmar que se trata de globalizar la pobreza, acometiendo un «crimen organizado», que Ziegler califica como «estadio más elevado y esencia del capitalismo». Uno de los elementos practicados son las fusiones de grandes empresas, que, como es notorio, llevan a incrementar el desempleo masivo, engrosando el ya muy numeroso ejército de desocupados, que es uno de los más graves problemas sociales a nivel mundial.

Otro ejemplo para ilustrar el verdadero objetivo de la globalización es la situación en los países del ex bloque socialista europeo, que fueron declarados «zonas de bajos salarios» y arrastran hoy una muy pesada carga de subdesarrollo y de índices altísimos de desempleo por un lado, y lógicamente de pingües ganancias para los capitalistas por otro.

Para Chossudovsky el gran capital trata, valiéndose de la globalización, de destruir al pequeño capital, llevando en algunos casos al «genocidio económico», como sucedió en Ruanda. El gran estratega de la globalización son los Estados Unidos, que se apoyan en doctrinas geopolíticas para acrecentar su hegemonía mundial.

La globalización y la crisis del sistema capitalista son dos caras de la misma moneda, determinadas por la sobreproducción de mercaderías en los países altamente desarrollados y la caída continua de la demanda y del consumo mundial. Será muy difícil eludir la sobreproducción, ley inherente al sistema, lo que significa que, a pesar de la globalización, la crisis económica no podrá ser evitada.

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