"Urnas embarazadas y muertos votantes"
Las del domingo se perfilan como las elecciones más «transparentes y limpias» de la historia, según aseguran los funcionarios del Instituto Federal Electoral, decididos a enterrar para siempre las historias tragicómicas que caracterizaron a muchos comicios.
En muchas regiones del país, el PRI no procreaba hijos pero embarazaba urnas, ya que cuando las casillas abrían para que la gente votara, ya contenían una buena cantidad de sufragios.
Claro que en un país donde siempre ganaba el PRI, tampoco había mucho interés en votar, así que los caciques de muchos pueblos resolvían fácil el problema: iban a las casillas y votaban por todos sus habitantes.
Eso producía algunos excesos, como por ejemplo pueblos con 4.000 habitantes del que salían 4.000 votos para el PRI, sin tener en cuenta que los menores de 18 años no podían votar.
De esto se culpaba al «ratón loco», entre cuyas rarezas (o locuras) no estaba comer queso ni esquivar trampas sino asegurar que la oposición ni figurara en los cómputos.
Si nos atenemos a las estadísticas, era tal el fervor popular por el PRI que el día de las elecciones nadie quería dejar de votar, ni siquiera los muertos, que en muchas ocasiones figuraban como vivos en los padrones electorales.
Por su parte el «carrusel», a pesar de su nombre, no era precisamente para los niños: como no había ningún documento de identidad, camiones cargados con gente a la que se le pagaban algunos pesos iban a una casilla, votaban, después a otra y así durante varias horas a lo largo del día.
Al fin y al cabo, había que disminuir el abstencionismo.
Estas técnicas pasaron a formar parte hasta tal punto de la «cultura electoral», que en los estados y municipios cada candidato priísta creaba nuevos métodos, que en muchos casos fue simplemente impedir que representantes de partidos opositores pudiera llegar a las casillas o bien amenazarlos hasta que se fueran.
Los «alquimistas», en cambio, eran gente seria. Fueron los encargados de manipular los resultados en el caso de que en alguna urna o municipio algún partido opositor hubiera sacado muchos más votos que el PRI.
Su concienzuda labor se desarrollaba en la misma mesa de votación o bien en el centro de cómputo, donde las actas sufrían tal transformación que terminaban haciendo ganar al candidato príista.
Quizás por esto hubo un ministro de Gobernación (Interior) quien declaró sin empacho que en este país se demoraban en dar los resultados porque éstos «se estudian detenidamente».
También había «pirámides» del voto en favor del PRI, por ejemplo a un trabajador se le obligaba a que entregara copias de su credencial electoral –cuando por fin existieron– y que consiguiera a otras dos personas (con el mismo fin), éstas tienen que conseguir cuatro y así se van sumando votos priístas.
Para los comicios de este 2 de julio, el PRI ha movilizado a más de 2,5 millones de activistas para conservar la presidencia y, de acuerdo a fuentes opositoras, el día de los comicios habrá muchas ‘operaciones tamal’, que consisten en invitar a los votantes a un desayuno y condicionar su sufragio, lo cual no está penado por la ley.
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