Esperan nueve meses por una cena de 500 dólares en NY

Las personalidades de Nueva York que deseen saborear los manjares preparados por el chef francés Alan Ducasse deben someterse a una lista de espera de unos ocho meses y medio, casi el tiempo que hace falta para dar a luz a un niño.

Es la última locura de Nueva York, que al parecer no intimida a los epicúreos de Wall Street a quienes Ducasse, uno de los chefs más conocidos del mundo, pide desembolsar 500 dólares por pareja para la cena de base del menú a precio fijo.

El nuevo local del chef francés, el único en el mundo con dos restaurantes en la Guía Michelin, acaba de abrir sus puertas en la Essex House, un edificio sobre el Central Park adyacente a aquel donde reside en Manhattan Luciano Pavarotti.

«Es la sala de almuerzos más exclusiva de Estados Unidos», comentó medio escandalizado el Daily News, observando que cifras como las que pide Ducasse «corren el riesgo de terminar con el apetito y dejar en bancarrota a la gente que cena en el restaurante».

En comparación, los otros locales de moda de Manhattan son una ganga: el menú a precio fijo de Le Cirque 200, el histórico restaurante de Sirio Maccioni, cuesta apenas 50 dólares por cabeza, sin incluir vinos ni impuestos. Pero Ducasse, que ya tiene restaurantes exclusivos en París y Mónaco, fue inflexible: «La calidad tiene un precio». El nuevo restaurante es sin duda para pocos. Sus 55 camareros sirven a 65 personas por noche, de lunes a viernes, y ésta es una de las razones que hicieron alargar desmesuradamente la lista de espera.

Pero para la Nueva York que gusta de ponerse en la vidriera no es una espera impensable. Entre las curiosidades de Manhattan está, por ejemplo, Rao, un local ítalo-norteamericano de East Harlem: tiene apenas ocho mesas, asignadas de hecho a otros tantos clientes fijos, entre los cuales está Woody Allen.

Los comunes mortales obtienen la deseada reserva sólo cuando los comensales habituales deciden ir a otra parte.

No es inverosímil entonces que los ricos de Wall Street hagan cola en el restaurante de Ducasse. «Ya reservé, y no me importa el precio: cuando los camareros saben servir y el chef sabe cocinar bien, no es demasiado caro», comentó Claudette Jones, una rica mujer fanática de la buena mesa. Quien nunca irá, en cambio, es Robert Cottone, un portero del Soho: «Son cifras ridículas: si tuviera que llevar conmigo dos personas –dijo al Daily News– me jugaría el sueldo de toda la semana».

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