"En México se vive una guerra"
En una acusación que el gobierno ha calificado de propaganda electoral, rebeldes zapatista aseguran que México ha enviado más tropas a Chiapas para aumentar la tensión en el suroriental estado en vísperas de los comicios presidenciales.
«En México se vive una guerra», dijo el jueves el líder zapatista subcomandante Marcos en un comunicado desde su escondite en la selva.
«En las montañas del sureste mexicano… decenas de miles de soldados del gobierno federal y policías de diversas corporaciones realizan una guerra de exterminio en contra de los pueblos indios de México», agregó.
Una misión observadora de derechos nacionales e internacionales dijo la semana pasada que una acumulación progresiva de soldados estaba «aterrorizando» a los ciudadanos en el suroriental estado, y amenazaba a las comunidades indígenas.
Esto podría dar lugar a intimidación o violencia cercana a la elección del 2 de julio, advirtió.
Sin embargo, Emilio Rabasa, negociador del gobierno en Chiapas, dijo a Reuters que el nivel de tropas federales en el estado no se ha incrementado de manera significativa desde principios de 1995, un año después del levantamiento zapatista por los derechos indígenas el 1 de enero de 1994.
«La sola presencia militar ha sido explotada por parte de los zapatistas como una guerra de baja intensidad», dijo Rabasa en una entrevista.
«Pero el ejército está para preservar el orden y la seguridad interna, y tan es así que en muchísmas comunidades piden y solicitan que no se retire el ejército porque se sienten amenazados por la presencia armada zapatista», agregó.
Unos 19.300 soldados están apostados en Chiapas y en el vecino estado de Tabasco, los cuales forman una sola zona militar, comentó Rabasa.
El número de soldados que se encuentran únicamente en Chiapas no se conoce.
Analistas y grupos de derechos estiman que las tropas gubernamentales en Chiapas superan en dos o tres veces ese número.
Opinan que el hostigamiento a campesinos en puestos de control del ejército podría ser utilizado para mantener a los votantes en sus hogares el día de las elecciones y desviar la oposición hacia el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI).
En la reñida contienda presidencial, el PRI enfrenta su mayor reto en sus 71 años en el poder. Activistas temen que grupos armados partidarios del gobierno en Chiapas pudieran instigar violencia si el PRI resulta perdedor. Rabasa dijo que el gobierno intenta asegurar que las elecciones en Chiapas sean justas y limpias.
Llamado al diálogo de paz
Rabasa reiteró los llamados del gobierno para un renovado diálogo hacia acuerdos de paz y culpó a la intransigencia del liderazgo rebelde del estancamiento en las negociaciones desde 1996.
El liderazgo zapatista ha rechazado regresar a la mesa de negociación bajo el argumento de que el gobierno no ha cumplido con las condiciones establecidas en los Acuerdos de San Andrés de 1996 para sostener nuevos diálogos.
«Si opta por el diálogo y el cumplimiento de compromisos, verá que los zapatistas haremos lo mismo sin titubeos y que, en poco tiempo, la paz digna será una realidad y no una frase hueca», dijo Marcos.
Grupos de derechos han manifestado que la militarización ha generado grupos civiles «paramilitares», armados y entrenados por el ejército para hacer el trabajo sucio de intimidar y atacar presuntas bases zapatistas, como en la masacre en 1997 de 45 indígenas tzotziles en Acteal.
La violencia atribuida a esos grupos ha provocado cientos de muertes tras la pérdida inicial de unas 200 vidas en enfrentamientos entre el gobierno y tropas zapatistas.
El gobierno estima que por lo menos 16 grupos civiles armados, tanto simpatizantes del gobierno como de los zapatistas, operan en el estado. Rabasa rechazó la noción de que estos grupos sean promovidos por fuerzas nacionales o estatales.
«La prolongación del conflicto ha creado esta situación de inestabilidad, por eso es que insistimos tanto en que debe ya solucionarse con el diálogo y la negociación», puntualizó Rabasa.
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