Los ocupantes yankis seguirán mandando en Irak
En secreto en un recinto amurallado se efectuó el presunto traslado de la soberanía a Irak. Pero los ocupantes yankis, que mantienen el número más alto de tropas que en cualquier otro momento (141 mil hombres), seguirán siendo los dueños de la situación, en connubio con Negroponte al frente de la embajada más numerosa del mundo. Colocaron a sus hombres en el gobierno, como el primer ministro Allawi, un patentado agente de la CIA. Bremer dejó a sus fieles en los ministerios y una ristra de decretos inamovibles, que cortarán toda posibilidad de actuación al gobierno, el cual no goza de la menor aceptación entre la población.
La CIA, los hombres y los edictos de Bremer
Iyad Allawi coordinó el golpe de Estado orquestado por la CIA contra Saddam en 1996, que fracasó. Después fue uno de los vendepatria que apoyó la invasión yanki contra su país. Con estos títulos ocupa el cargo de primer ministro, al estilo de Quisling colocado por los nazis al frente del gobierno noruego. Ahora recibió un papel firmado por Bremer, en presencia de un enviado de Gran Bretaña y del general Mark Kimmit, del comando militar yanki. Nadie más.
De inmediato Bremer se mandó mudar, pero ya había tomado todas las medidas. Según los cables, «dejó una serie de edictos firmados a último momento que condicionan aún más a un gobierno encabezado por un hombre vinculado a la CIA», que no tendrá potestad para modificarlos. Además dejó 150 connacionales en los ministerios básicos, formando comisiones con poderes de decisión en los hechos. Las tropas extranjeras (141 mil efectivos yankis y 160 mil en total) permanecerán hasta el 31 de diciembre 2005, pero el plazo es renovable. Se irán si el gobierno se lo pide, o sea cuando las ranas críen pelos. En los lugares donde estén emplazadas, estas tropas mandan, por encima de los efectivos iraquíes, que les están subordinados. Bush, con Blair al costado, anunció estas novedades en la cumbre de la OTAN en Turquía, donde volvió a reclamar el envío de tropas de los países europeos a Irak. Se topó con una negativa. Solicitó entonces que estos países colaboraran en la instrucción de fuerzas policiales y militares iraquíes. Chirac respondió en lenguaje tajante que en ninguna circunstancia Francia entrenaría tropas en Irak. No fue el único tema de aguda fricción en Estambul. Al bregar Bush además por el ingreso inmediato de Turquía a la Unión Europea, el presidente galo le contestó que «había ido demasiado lejos en un terreno que no es el suyo» (Il est allé trop loin sur un terrain qui n’est pas le sien).
Las tropas, la embajada de Negroponte, los presos
Lo que EEUU busca por todos los medios es disminuir las bajas de sus tropas, mucho mayor en estos 14 meses que durante la invasión, con su influencia en la opinión pública y las perspectivas de reelección. Por eso requiere, por una parte, un mayor aporte de soldados de otros países para enfrentar a la insurgencia; y por otra, colocar a las fuerzas de seguridad iraquíes en la primera línea de fuego, para que se maten entre ellos, conservando siempre para los cuadros del Pentágono la línea de mando. Esto es lo que va a instrumentar el gobierno de Allawi, que anunció la imposición de la ley marcial.
John Dimitri Negroponte (ex delegado de EEUU en la ONU y con un largo historial intervencionista) ya está instalado en el nuevo edificio de la embajada yanki, con 3 mil hombres a bordo y pegada al Palacio de Gobierno. Está visto que será el otro centro de decisiones.
Los presos seguirán en poder de EEUU. Liberaron cierto número después de los escándalos de las torturas, pero quedan más de 5 mil, sometidos a un régimen carente de elementales garantías. Saddam y otros 11 dirigentes pasarán a prisiones iraquíes, pero su custodia física continuará a cargo de EEUU. A propósito, la Suprema Corte de Justicia de EEUU acaba de dictaminar que los presos de Guantánamo tienen derecho a dirigirse a los tribunales estadounidenses para cuestionar sus condiciones de confinamiento, un duro golpe para Bush y Rumsfeld.
Que se vayan
En estas condiciones, es muy lejana la perspectiva de que el nuevo gobierno gane legitimidad entre los diversos sectores de la sociedad iraquí, anotan diversos comentaristas. Es lo que comprobamos en los canales de TV, aún los más adictos al gobierno Bush. Al contrario: el sentimiento generalizado entre los iraquíes es que se vayan las tropas, que se acelere el fin de la ocupación, ya que el nuevo gobierno está totalmente recortado y limitado en sus atribuciones. No habrá cambios reales dicen hasta que se retiren las tropas, cuya finalidad es perpetuar la dominación extranjera, monopolizar el petróleo y los negociados de la reconstrucción. *
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