El traspaso de poder se hizo dos días antes y con una breve ceremonia en Bagdad

Libertad condicionada para Irak

La bandera iraquí flamea ahora en los edificios que fueron de Saddam Hussein y luego de la Autoridad provisoria de la Coalición, mientras la zona verde -una región de varios kilómetros cuadrados rodeada por un alto muro de cemento, en el centro de la ciudad- fue rebautizada zona internacional.

Los estadounidenses y los británicos seguirán ocupando el palacio del ex presidente, cuyo destino antes de una semana pasará a manos del nuevo gobierno.

El embajador norteamericano, John Negroponte, residirá en un edificio recién construido junto al palacio, desde donde dirigirá una misión de 3.000 empleados, la más grande del mundo.

Al mismo tiempo, soldados de Estados Unidos armados hasta los dientes tratan de cancelar al menos alguna de las huellas más evidentes de la ocupación.

El alambre de púas que rodea la Plaza del Paraíso, como se la llamaba cuando había en ella una gigantesca estatua de Saddam que fue abatida, fue quitado con celeridad. La plaza que ahora se llama de la Libertad fue reabierta a los iraquíes mientras el gobernador Paul Bremer, en una sala apartada en la zona Verde, entregaba en manos del presidente de la Corte suprema, Medhat al Mahmoud, una carpeta con la declaración oficial de traspaso de la soberanía al gobierno transitorio.

Bremer estrechó la mano a Allawi, al presidente Ghazi al Yawar, al vicepremier Barham Salih y al enviado especial británico David Richmond.

En el lugar estaba también el número dos del comando militar en Irak, general Mark Kimmitt.

Menos de dos horas después, el «procónsul» estadounidense volaba con un C130 hacia Estados Unidos.

Fue casi una fuga, la de este ex diplomático de 62 años, que estuvo 13 meses en Irak, y dejó un centenar de edictos, firmado a último momento, que condicionan aún más a un gobierno encabezado por un hombre vinculado a la CIA, cuya tarea «muy difícil», dijo el propio Allawi en el discurso de juramento, es devolver orden al caos, estabilidad a la incertidumbre y seguridad a un país con un promedio de una autobomba por día y 100 muertos a la semana, en junio. «Es un día que los terroristas no habrían querido ver jamás», dijo exultante George W. Bush, desde Estambul.

La ceremonia se hizo con anticipación, seguramente con el fin de sorprenderlos. A los terroristas, «a esta categoría de apóstatas que luchan contra el Islam y los musulmanes», Allawi les hizo una advertencia: «Los capturaremos».

Además se supo que la primera medida que adoptará este gobierno será imponer leyes especiales para tutelar la seguridad de los ciudadanos.

Bush y el premier británico Tony Blair dijeron que comprendían la necesidad de ello.

Los militares iraquíes fueron colocados en la primera línea para defender a Bagdad, pero detrás se ve a los estadounidenses que el gobierno iraquí puede, pero no quiere, perseguir.

La esperanza de tomar el control del país está en la fuerza de estos soldados extranjeros.

El problema es determinar cuándo Irak estará listo para ponerse por sí solo de pie y cuándo efectivamente las fuerzas multinacionales se retirarán.

Su mandato, en base a la última resolución de la ONU, concluye en diciembre de 2005 pero es renovable. En la capital no hay júbilo por la renovada soberanía; los helicópteros dan vuelta ininterrumpidamente por el cielo de Irak y hay miedo, preocupación, expectativas y esperanzas.

El gobierno, aunque no ha sido electo, cuenta con el apoyo popular pero la gente quiere ver resultados, poder salir sin el temor de morir en un atentado, y también quiere electricidad y trabajo. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje