Murió el "sacerdote" del capitalismo italiano

Martino Rigacci Roma, ANSA

Tras una larga enfermedad, murió ayer a los 93 años Enrico Cuccia, presidente honorario del influyente banco de inversiones Mediobanca y considerado como el gran «sacerdote» de las finanzas italianas.

La muerte de Cuccia, de origen siciliano pero milanés de adopción, abre numerosos interrogantes en el tablero económico-financiero de Italia y cierra una fase en la historia del capitalismo nacional.

La desaparición del enigmático banquero –en medio siglo de carrera nunca concedió una entrevista– fue recibida con una fuerte suba en la Bolsa de Milán, tendencia que confirma el peso económico de Mediobanca, cuyos movimientos internos repercuten de una u otra manera en todo el sistema financiero del país.

Los tentáculos del banco que Cuccia fundó en 1946 se extienden hasta la flor y nata de la economía italiana, en grupos como Fiat, Pirelli, Montedison y Telecom, numerosas entidades bancarios y el coloso de los seguros Generali. «La posición dominante que Mediobanca tuvo en Italia se debía tanto a su profesionalidad como a la falta de profesionalidad de sus competidores en el mercado financiero interno», declaró el primer ministro Giuliano Amato. También comentaron la muerte de Cuccia el jefe del Estado Carlo Azeglio Ciampi, el líder opositor Silvio Berlusconi, el presidente honorario de Fiat Gianni Agnelli, y el canciller Lamberto Dini, quien recibió la noticia en Milán durante un Forum junto a su par argentino Adalberto Rodríguez Giavarini.

Desde el frente opuesto al mundo de los negocios donde se movía Cuccia, el líder del Partido de la Refundación Comunista, Fausto Bertinotti, dijo que «su muerte simboliza la crisis del viejo mundo frente a la revolución capitalista mundial».

El banquero y ministro de Obras Públicas, Nerio Nesi, declaró que «Mediobanca está terminada: ha muerto con la muerte de Cuccia».

En los últimos años el banco milanés de inversiones había perdido parte de su enorme poder, sobre todo tras la llegada del euro y la mayor apertura del mercado interno de capitales.

Paralelamente numerosos analistas y empresarios fueron aumentando sus críticas a Cuccia, acusado de manejar los hilos de las finanzas de manera asfixiante para la pequeña y la mediana empresa, favoreciendo en cambio a los tres o cuatro mayores grupos industriales del país.

Además de Mediobanca, en Italia operan hoy día otros «merchant banks» de primera línea, tanto nacionales como de países europeos o estadounidenses. La fuerte suba con la que la Bolsa de Milán reaccionó ante la muerte de Cuccia fue interpretada como una señal de la vulnerabilidad a la que se enfrenta Mediobanca tras el fallecimiento de su hábil patriarca. Una Mediobanca sin Cuccia quiere decir no sólo nuevos acuerdos y negocios en el mundo bancario y financiero, sino incluso la posibilidad que alguna gran sociedad caiga en la tentación de lanzar una escalada accionaria a la misma Mediobanca, a través de la cual llegar, por ejemplo, a Generali, según se rumoreó en la Bolsa de Milán. Entre los «enemigos» que Cuccia tuvo en su larga vida de banquero se destaca el financista siciliano Michele Sindona, que a finales de los años ’70 había presionado al jefe de Mediobanca para evitar la liquidación de la entidad que controlaba, la Banca Privata Italiana.

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