Un largo viaje de Kirchner a China
Es una gira en la que Kirchner va acompañado por 270 empresarios y el respaldo de numerosos gobernadores más tres de sus ministros que buscan incrementar el comercio bilateral por exportaciones que ahora alcanzan a 2.452 millones de dólares y adquisiciones por 720 que Pekín por razones obvias quiere hacer trepar.
De cierto modo, Kirchner sigue los pasos de Lula y los dos, con conocimiento mutuo, quieren afianzar relaciones con el bloque informal en el que Brasil, India, Rusia y China, el BRIC, pretende consolidarse con el tiempo como contrapeso a los EEUU y Japón, los más poderosos del G7.
El BRIC constituye el 40% de la población mundial pero, por ahora, sólo el 8% de su producción, pero mercados como el chino o el indio, crecen a ritmo vertiginoso y el este asiático se ve ahora como el gran espacio económico-humano del futuro.
¿Será el G4 de los próximos decenios, como suponen algunos analistas que auguran para el BRIC un poder económico mayor que el de los países europeos?
En la cumbre sobre Comercio y Desarrollo de la ONU, hace pocos días en San Pablo, corrió la versión de que Brasil, India y China podrían ser invitados a unirse al G-8, el grupo de los siete países más poderosos del mundo, al que ya se sumó Rusia.
El canciller brasileño, Celso Amorim, dijo no haber oído nada específico, pero admitió que ciertos líderes habían tocado el tema. La posibilidad, claro que aún verde, puede ser signa de mayor horizontalidad del poder global. Pero la ampliación del club podría ser una maniobra de la UE y EEUU para neutralizar la creciente convocatoria del G20, el bloque de países en desarrollo liderado, precisamente, por Brasil, India y China y donde Argentina es un jugador importante.
Una mirada con ojos del pasado piensa que el BRIC puede ser algo así como fue la Conferencia de Bandung que lanzó el movimiento de los No Alineados en los ’50, como «tercera posición» entre la URSS y los EEUU con los ribetes propios del mundo actual. Parecen más, esos intentos, como «espacios de resistencia» al capitalismo norteamericano.
Así, el periplo de Kirchner a China se completa con el que inició el canciller Rafael Bielsa a Rusia, donde lo económico tiene vínculos con la política. Bielsa invitará al presidente Vladimir Putin a venir a estas tierras. El ruso acaba de ir a México porque Moscú vuelve su mirada a Latinoamérica, un subcontinente que en tiempos del socialismo soviético nunca alcanzó a tener privilegio geoestratégico, excepto con Cuba.
El comercio argentino – ruso ha caído, lejos de los años ’80 cuando superaba los 3.200 millones de dólares, luego de que la dictadura eludiera el boicot dispuesto por James Carter tras la invasión soviética a Afagnistán.
Es difícil que Argentina pueda aspirar a esos montos, porque Rusia mejoró su situación agrícola o mira a Europa para acceder a cereales que eventualmente quiera comprar. Pero hay otro campo de intercambio y colaboración que Bielsa piensa seguir ahondando un nuevo proceso que reconoce esfuerzos rusos anteriores. El ex canciller Yuri Ivanov anduvo hace poco por aquí y propuso un papel para su país en tecnología forestal, prevención de inundaciones, empresas energéticas y otros aspectos.
Kirchner conferenciará en Pekín con su colega Hu Jintao y no faltará en la agenda aspectos de la situación internacional sobre todo lo que ocurre en Irak y su futuro. Los dos países son críticos de la administración Bush en esta materia, pero prudentes en sus reservas.
Uno de los aspectos que Kirchner quiere revertir en China es la alta presencia de la soja en la producción argentina a ese mercado: poco menos que la cuarta parte del total. La idea es incrementar la colocación de productos industriales o con alto valor agregado y conseguir inversiones chinas. Lula obtuvo la promesa de capitales chinos a Brasil por cinco mil millones de dólares. El viaje a China genera gran expectativa en la tumultuosa presencia de los empresarios, pero no es seguro que se puedan cerrar acuerdos.
La política internacional, por lo dicho, no será ajena. Como un nuevo Magallanes, Kirchner irá a Pekín vía Europa (escala en Praga y varias más) regresando por el Pacífico. Habrá vuelos directos a Pekín en el futuro, y por este último lugar geográfico. *
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