La suma de los horrores, el retorno a la barbarie
La decapitación del rehén sudcoreano Kim Sun Il volvió a estremecer al mundo. No tiene justificación ni atenuante alguno. No es el primero. Unos cuarenta días antes sufrió la misma suerte el estadounidense Nickolas Berg, también en Irak, y hace una semana su compatriota Paul Johnson, esta vez en Arabia Saudita. Probablemente tampoco el del sudcoreano sea el último, si continúa la ocupación. Es un retorno a la barbarie en sus peores formas. Pero tampoco es la única expresión de barbarie en esas tierras calcinadas por la guerra, por más que sí sea la que mayor difusión alcanza en los medios para opacar las que practican las tropas ocupantes.
Tropas sudcoreanas en la ocupación de Irak
Los captores reclamaban el retiro de las tropas sudcoreanas de Irak como condición para liberar al prisionero, que trabajaba para el ejército de EEUU. La respuesta del gobierno de Seúl fue agregar 3 mil soldados a los 670 actuales, lo que transforma a Sudcorea en el tercer país con tropas de ocupación, detrás de los 138 mil de EEUU y de las huestes de Blair. Los efectivos estadounidenses van a aumentar con dotaciones que se retiran de Corea del Sur, precisamente.
Kim fue capturado el 17 de junio cuando salía de una base norteamericana en Falluja, considerada la ciudad mártir de la resistencia sunnita desde los bombardeos de abril que mataron a cientos de pobladores en venganza de las tropas extranjeras que habían sido obligadas a desalojar la plaza. Después del ajusticiamiento de Johnson, en otra venganza que burdamente se pretendió justificar por la búsqueda de terroristas, volvieron a arrasar edificios con bombardeos aéreos, provocando decenas de muertos civiles. Fueron sendos actos de barbarie indiscriminada, con víctimas inocentes, en una espiral sin fin. Y estamos nombrando apenas una de las masacres perpetradas por los ejércitos extranjeros.
En la primera guerra del Golfo, en 1990, los yankis enterraron vivos a soldados iraquíes bajo las orugas de sus tanques. Otro acto de barbarie. En esto también han hecho escuela.
El tanque que aplastó a una pacifista
Una militante pacifista norteamericana, oriunda de la ciudad de Seattle, en el noroeste de Estados Unidos (la misma que quedó en la historia por las manifestaciones que impidieron la reunión de la OMC) se paró delante de un blindado israelí para impedir que demoliera una vivienda palestina en Gaza. El tanque no se detuvo, y le pasó por encima. Después aplicó la reversa, y la volvió a aplastar.
Los gobernantes de Israel proclamaron su decisión de matar a dirigentes de determinadas organizaciones palestinas. Lo dijeron, y lo hicieron en forma sistemática, uno tras otro, con la particularidad de que esos asesinatos selectivos se acompañaron de matanzas colectivas, de ametrallamiento desde helicópteros contra manifestaciones que enterraban a sus muertos, de arrasamiento de bloques de viviendas con sus pobladores adentro. Son otros tantos actos de barbarie que nos retrotraen a épocas que había derecho a suponer definitivamente perimidas.
A todo esto se suma la bestialidad de las torturas practicadas por las tropas de EEUU (y también de Gran Bretaña) en Irak, ese petardo que le estalló en pleno rostro a Bush. Han hecho esfuerzos inauditos para ocultarlo. Pero la publicación de algunas de las fotos (al parecer hay otras aún peores que siguen ocultas, incluso a los ojos de los senadores) y la desclasificación de documentos del Pentágono han echado por tierra el intento de mantener el secreto y el engaño.
La barbarie de las torturas
Las órdenes de torturar a los presos están avaladas directamente por Rumsfeld desde el año 2003. Hemos visto su firma al pie de los documentos del Pentágono. En el juicio ante corte marcial que se sigue a unos soldados yankis en Bagdad, quedó clarísimo que los torturadores obedecían órdenes de los mandos y de los servicios de inteligencia, e incluso habían recibido felicitaciones por su labor. Esto se comenzó a aplicar a los presos de Guantánamo, y luego el máximo jefe militar de la base, general Geoffrey Jackson, lo trasladó personalmente a la prisión de Abu Ghraib en Irak.
Como lo destacamos en su momento, Jorge Gestoso demostró que en la CNN está prohibido hablar de las torturas practicadas por las tropas de EEUU. Por eso, resultaban patéticos los esfuerzos del corresponsal de turno desde Washington por disfrazar lo que ahora quedó plenamente revelado: que las torturas (que en algunos casos llevaron a la muerte, como en Afganistán) se ejercían regularmente por orden superior, en sus formas más repulsivas. Y esto es otro retorno a la barbarie, fruto de la guerra preventiva y de la ocupación militar de territorios extranjeros. *
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