Seúl dijo que no renunciará a enviar otros 3.000 soldados a Irak pese a la amenaza de la resistencia

Rehén coreano al filo de la muerte

Ayer hubo, en efecto, nuevas muertes de iraquíes y norteamericanos, mientras un grupo fundamentalista mantiene una decena de rehenes y amenaza con decapitar a uno de ellos, surcoreano, si Seúl no retira sus tropas de Irak.

La única noticia positiva del día es la reanudación, con un millón de barriles diarios, de las exportaciones de petróleo iraquí, suspendidas hace seis días tras dos atentados a oleoductos en Bassora, en el sur de Irak.

Irak exportaba en promedio 1,6 millones de barriles al día antes de los sabotajes.

Entretanto, la diplomacia trabaja para intentar salvar la vida de Kim Sun Il, de 33 años de edad, un arabista cristiano, que en Irak une su actividad de intérprete para una compañía surcoreana de provisión alimentaria para los norteamericanos, la Gana General Trading, con la evangelización.

Fue raptado hace cuatro días, cuando salía de una base norteamericana cerca de Falluja. Un video lo muestra llorando, mientras pide ayuda para que le salven la vida. Tres hombres de un grupo llamado Tawhil Wal Jihad (Unidad y Guerra Santa), del jordano vinculado a Al Qaeda Abu Mussab al Zarqawi, dieron un ultimátum: si no se van las tropas, le cortarán la cabeza.

Seúl dijo que no renunciará a enviar otros 3.000 soldados como fuerza de paz a Irak, que se sumarán a los 600 ya presentes, y envió una delegación a Jordania.

El Comité de los Ulemas, religiosos sunnitas, pidió su liberación. También el general norteamericano Mark Kimmitt dijo que la liberación de los rehenes es «una prioridad».

Un mediador de la compañía dice haber visto con él a una decena de rehenes, incluido un periodista europeo, pero no se tienen otras informaciones al respecto.

Son muchos los secuestros que ni siquiera son registrados, porque las diplomacias buscan negociar en silencio y porque los raptados no han indicado su presencia en Irak.

Pero se sabe que en Falluja, la ciudad sunnita escenario de violentos enfrentamientos con los norteamericanos en abril, es muy peligrosa para los extranjeros.

Y también para muchos iraquíes, que temen entrar en el refugio de guerrilleros, ex miembros del partido Baas y ex fedayines, a quienes se unió la «legión árabe» de Osama bin Laden, la misma que combatía en Afganistán y ahora aprovechó el caos de la posguerra iraquí para trasladar su actividad. En Falluja, hace dos días, las fuerzas norteamericanas atacaron lo que las fuentes de inteligencia indicaban como una cueva de combatientes de Zarqawi.

La gente sin embargo, que manifestó de a cientos por las calles de la ciudad contra la presencia norteamericana, sostiene que se trataba de civiles.

Testigos oculares dicen haber visto los cuerpos con barbas de mujaidines (combatientes de la guerra santa), pero por ahora no se sabrá la verdad: los cuerpos fueron sepultados de inmediato y no hay imágenes que confirmen o desmientan una u otra versión.

Pero la guerrilla no se siente intimidada. Cuatro marines fueron muertos en un ataque en Rumadi, siempre en el triángulo sunnita.

Dos guardias nacionales -los iraquíes que osan prestar servicio militar o de seguridad son uno de los objetivos preferidos- murieron asimismo en la explosión de una bomba en Bagdad, que causó además 17 heridos.

Cuatro civiles murieron por otra parte en la región de Mossul, en el norte del país, en la explosión de una bomba destinada a los guardias de seguridad de la coalición.

En el cuartel general de la coalición en Bagdad, un juez militar norteamericano, el coronel James Pohl escuchó en una audiencia preliminar a tres soldados acusados de abusos a detenidos iraquíes, y fijó la próxima audiencia para el 23 de julio.

El juez aceptó el pedido de la defensa para que declaren los generales al mando en Irak, y ordenó que la cárcel de Abu Ghraib no sea demolida -como querría el presidente norteamericano George W. Bush- porque constituye el «lugar del delito». *

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