Cristina Fernández quiere disputarle a Duhalde el control del peronismo

La primera dama argentina prepara su candidatura

Aunque todavía no se anunció oficialmente, funcionarios del gobierno admiten en privado que la candidatura de la primera dama en territorio bonaerense es un hecho.

Ayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, reivindicó a Cristina Fernández, como «una extraordinaria representante de los bonaerenses» si finalmente decide lanzar su candidatura en el distrito electoral más importante del país y que, hasta ahora, domina Duhalde.

En alusión al poder de Duhalde en la provincia de Buenos Aires, el jefe de ministros argumentó que el eventual desembarco de la primera dama en ese distrito debe ser interpretado como un dato más de «la etapa reformista» que vive Argentina.

Los analistas coinciden en que habilitando en la contienda electoral a su esposa, el Presidente demostrará que «está dispuesto a todo» para medir fuerzas con su mentor y enemigo estratégico dentro del peronismo, Eduardo Duhalde.

La disputa entre ambos comenzó ni bien uno le pasó la banda presidencial al otro, y a pesar de que fue Duhalde quien lanzó la candidatura presidencial de Kirchner para enfrentar a Carlos Menem en las elecciones generales de 2003.

Durante los últimos trece meses ambos sobrellevaron sus diferencias con fotos de ocasión y con el nombramiento de Duhalde como presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, pero el enfrentamiento se agudizó tras el reclamo de Duhalde de un aumento en la cuota de coparticipación impositiva para la provincia de Buenos Aires.

Varios analistas y el propio Presidente advirtieron que ese reclamo fue «un error estratégico» de Duhalde que no sólo lo enfrentó públicamente con Kirchner, sino que puso a todos los gobernadores argentinos en su contra, ya que el distrito bonaerense es uno de los que más fondos recibe por coparticipación.

Kirchner, quien hasta ese momento toleró de mala gana las declaraciones de Duhalde y de su esposa, Hilda «Chiche» González, en contra de su política de derechos humanos, autorizó a sus ministros de confianza, el jefe de Gabinete y el titular de la cartera de Interior, Aníbal Fernández, a contestar públicamente las opiniones de los Duhalde.

La eventual candidatura a senadora de Cristina Kirchner en suelo bonaerense, con proyección en el 2007 para competir por la Gobernación, se instaló como una amenaza para el poder duhaldista en la provincia con más habitantes, pero también con elevados índices de pobreza, desocupación e inseguridad de Argentina.

Cristina Kirchner, la «Reina Cristina», como apodan algunos medios locales a la primera dama, goza, igual que el Presidente, de un elevado índice de aprobación. Una encuesta que el propio Kirchner encargó la semana pasada a la consultora privada Mora y Araujo reveló que la senadora suma un 60 por ciento de imagen positiva en territorio bonaerense, primer distrito electoral.

Con esos datos y con la convicción de que las prácticas clientelistas del peronismo bonaerese en la provincia desacreditaron a los Duhalde, el Presidente prepara el lanzamiento de su esposa a la contienda electoral de 2005.

Cristina Ferndández, en tanto, invierte tiempo y dinero en mejorar su imagen externa con mucho ejercicio y tratamientos de belleza, mientras se afianza como la gran operadora del gobierno en el Senado.

Fuentes legislativas aseguran que los senadores peronistas no dan un solo paso en la Cámara alta sin consultarla y que la primera dama, un título que desdeña, desde que se evalúa su candidatura mide más sus declaraciones y sus apariciones públicas.

Lo cierto es que si finalmente se postula en distrito bonaerense su principal rival en las urnas será Chiche Duhalde, quien según todos los pronósticos se postulará como candidata a senadora en 2005 como trampolín para competir por la Gobernación en 2007.

«Cristina tiene todo el derecho de competir en la provincia», declaró la semana pasada Chiche Duhalde, pero en la intimidad, según fuentes cercanas, la dirigente bonaerense «está muy nerviosa porque siente que pierde presencia en la provincia».

Chiche Duhalde mientras su esposo fue gobernador de la provincia y luego presidente se ocupó de repartir ayuda social, que consistía básicamente en el reparto de comida y otros artículos de primera necesidad entre los más necesitados.

Desde que Kirchner asumió la Presidencia, Chiche tuvo que delegar ese rol, lo que la mantiene alejada de su área de influencia y -según analistas locales- repercute negativamente en las proyecciones electorales. Por ahora, Chiche Duhalde se encarga de confrontar sin rodeos con Kirchner. La semana pasada comparó las reacciones del gobierno con las de una «dictadura», una declaración que irritó el ánimo de los actuales habitantes de la Casa Rosada que, a su vez, definieron a la ex primera dama de «intolerante». *

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