La decapitación de Johnson y el bombardeo a Falluja
En Irak, en Arabia Saudita, en Afganistán, en Palestina se vive una sucesión de horrores. La decapitación del norteamericano Paul Johnson es la contracara de las torturas en las prisiones, de los bombardeos y asesinatos de las tropas de ocupación en Irak. Lo mismo aconteció en Afganistán. En los territorios palestinos siguen las matanzas diarias. El drama en la región es la consecuencia directa de la ocupación de territorios por tropas extranjeras, mientras se acumulan las evidencias de que las invasiones se basaron en gigantescas mentiras.
Sigue la ocupación militar, sin traspaso del poder
La respuesta de los ocupantes al asesinato del ingeniero fue un salvaje bombardeo aéreo contra la población que causó en primera instancia 22 muertos y demolió edificios residenciales en Falluja, símbolo de la resistencia, donde los marines mataron miles de personas en abril pero debieron retirarse ante el rechazo de toda la población. En los reportajes a los iraquíes sobre su futuro, el reclamo unánime es que se vayan las tropas extranjeras y el retorno a su soberanía plena.
Pero eso parece cada vez más verde. A pesar de que se proclama en el papel el traspaso de la soberanía a fin de mes, Bush ha dicho que las tropas seguirán por tiempo indefinido, y no falta quien le haga coro entre los quislings del gobierno provisional, el actual y el venidero, uno y otro digitados por los yankis.
Estos seguirán teniendo en sus manos a Saddam Hussein al margen de toda legalidad, lo mismo que el control de los presos y de las prisiones. Además, ya han puesto en pie comisiones integradas por sus incondicionales en cada futuro ministerio, que detentarán el verdadero poder al margen de quien asuma el cargo.
En relación con las prisiones, han surgido nuevas pruebas de torturas infamantes, mientras el escándalo mundial se pretende acallar con la búsqueda de chivos expiatorios y el blanqueo de los culpables, de Bush y Rumsfeld para abajo.
La responsable de Abu Ghraib, Janis Karpinsky, a quien le quieren cargar el mochuelo, dijo que la indicación trasmitida por el general Geoffrey Miller (el torturador mayor de Guantánamo que vino a hacer lo mismo en Irak) era que debía tratarse a los presos peor que a los perros.
El uso de las torturas estaba viabilizado por un memorándum secreto del Pentágono al que dio curso Rumsfeld el 6 de marzo de 2003, avalado también por John Ashcroft del Departamento de Justicia, según el cual el presidente de EEUU tiene potestades para autorizar el uso de las torturas a los presos «de un nivel de intensidad tan elevado que impidan al sujeto soportarlas». Esto es lo que se hizo en Irak, y antes en Afganistán: donde un miembro de la CIA torturó hasta la muerte a detenidos afganos.
El informe sobre el 11/9
Altos ex funcionarios diplomáticos norteamericanos dijeron que nunca «EEUU estuvo tan aislado ni provocó tanto temor y desconfianza», pero ello no ha arredrado al presidente. Lo mismo sucedió en Gran Bretaña: allí no sólo ex integrantes de su gabinete condenan la política de Blair en Irak, sino que su partido sufrió el mayor descalabro de su historia en las elecciones al Parlamento Europeo, relegándolo al tercer lugar. Pero también mantiene su tesitura junto a Bush.
Acaba de aparecer un nuevo elemento de juicio. Después de casi tres años, la Comisión investigadora sobre los atentados del 11 de setiembre de 2001 dio a luz su informe. Es el organismo para cuya presidencia había sido designado Kissinger, que tiró la toalla.
La Comisión concluye de manera inequívoca que no existe absolutamente ningún vínculo entre los atentados del 11/9 y Saddam. O sea que la invasión, las masacres de millares de iraquíes y el arrasamiento de su territorio, la muerte de soldados estadounidenses y de otros países, las torturas en las prisiones, la violación flagrante del derecho internacional, la precipitación de la región en un mar de sangre y violencia del que no se vislumbra una salida, todo se basamentó en una mentira descomunal, repetida al estilo de Goebbels.
Con la particularidad de que Bush, como un obseso, la sigue machacando en sus visitas a las guarniciones militares, contra todas las evidencias.
Bases militares
Rompe los ojos que esto responde a un plan de dominio mundial, con su correlato de ocupación militar de territorios y de cerco al mundo entero con una red de bases militares, lo que toca muy de cerca a América Latina. En aras del Plan Colombia el Comando Sur activa la base de Manta en el Pacífico ecuatoriano, se montan nuevas bases en Aruba y Curação (colonias de Holanda, miembro de la OTAN) a proximidad de la Venezuela chavista, e incluso se proyecta ese destino para Haití, razón por la cual los marines perpetúan su presencia y su acción en la mitad occidental de La Española. *
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