Putin: Saddam planeaba atentados
Los informes fueron reunidos algunos meses después de los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001 contra Nueva York y Washington.
La declaración de Putin, según analistas, buscó auxiliar a su «amigo» y colega estadounidense, George W. Bush, que se enfrenta fuertes críticas internas ante la campaña electoral y frente a la comisión que investiga el 11 de setiembre.
La comisión legislativa concluyó que no hay pruebas de una conexión entre la red al Qaeda e Irak, aunque Bush insistió en la vinculación de Saddam Hussein y Osama bin Laden.
Las palabras del presidente ruso resonaron desde el lejano Kazajstán, al margen de una cumbre de los países de Asia Central.
Según dijo, los servicios rusos recibieron ya en 2002 informaciones sobre las «intenciones» de Saddam Hussein, y las comunicaron de inmediato a Washington, recibiendo el agradecimiento de la Casa Blanca.
Putin precisó que esto no significa que Moscú supiera de la participación de Bagdad «en atentados ya ejecutados», y por lo tanto de una conexión con Al Qaeda, punto sobre el cual se limitó a decir que la inteligencia moscovita «no tenía pruebas».
Pero sobre los planes de masacres orquestadas por los «órganos oficiales» del poder de Saddam Hussein, no mostró incertidumbres ni ambig?edades.
«Después de los hechos del 11 de septiembre y antes del comienzo de la operación militar en Irak -subrayó a los periodistas- los servicios secretos rusos recogieron varias veces informaciones» sobre la preparación de atentados anti norteamericanos de parte de los servicios iraquíes, y «las transmitieron a sus colegas estadounidenses a través de nuestros canales de alianza».
Estos atentados -especificó- debían realizarse «tanto en territorio de Estados Unidos, como contra sitios militares y civiles norteamericanos en el exterior».
Bush, agregó Putin, juzgó esas revelaciones «muy importantes» y en un coloquio entre ambos quiso «agradecer personalmente al responsable de uno de los servicios rusos».
A pesar de las declaraciones de Putin, Rusia volvió a marcar ayer sus diferencias con Washington en la guerra en Irak.
Tras la revelación de los planes de atentados, el cuestionamiento ruso ya no se funda en la supuesta acentuación del peligro iraquí de parte de los norteamericanos, sino sólo en cuestiones formales vinculadas al haber esquivado a la ONU, a quien hoy Moscú -pese a la cautela de Kofi Annan- quisiera ver regresar a Bagdad.»Nosotros creemos -dijo el presidente ruso- que existen procedimientos definidos por el derecho internacional sobre el uso de la fuerza en los asuntos globales, y que tales procedimientos (por la guerra en Irak) no fueron respetados».
Según analistas, más allá de las referencias al pasado, la rapidez de las declaraciones de Putin representa sobre todo una incursión en la campaña presidencial norteamericana, y resulta difícil no interpretarla como un favor a Bush, sobre todo porque sigue a otra estocada asestada a los demócratas por el líder del Kremlin.
El 3 de junio, al recibir en Moscú al premier serbio Vojislav Kostunica, Putin había afirmado sin medias tintas que considera los bombardeos sobre Belgrado de 1999 como un «precedente directo» del conflicto en Irak.
Además, negó a los responsables de aquella acción -con la administración de Bill Clinton a la cabeza- la «autoridad moral» para poder criticar al actual ocupante de la Casa Blanca. *
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