Lo primero que pensó y dijo el presidente de EEUU tras los ataques del 11 de setiembre

George Bush: "Estamos en guerra, alguien las va a pagar…"

Ese informe preliminar de 29 páginas de la comisión investigadora independiente encargada de arrojar luz sobre los ataques que provocaron alrededor de 3.000 muertos, describe con precisión la reacción del presidente Bush.

A las 09H05, 19 minutos después del choque del primer avión secuestrado por los piratas de Al Qaeda contra una de las Torres Gemelas del World Trade Center, el presidente se encontraba en un salón escolar en Florida. Los alumnos leían en voz alta.

Su jefe de gabinete, Andy Card, le informó entonces discretamente que otro aparato se estrelló contra la segunda torre. «Estados Unidos es el blanco de un ataque», le murmura Card al oído, ante la mirada intrigada de los escolares y periodistas presentes, cuyos teléfonos comienzan a sonar.

«El presidente sintió que debía transmitir fuerza y tranquilidad, y actuar de modo que el país que no asistiera a una reacción enloquecida en tiempos de crisis», escriben los autores del informe.

Bush se quedó en la clase durante 5 a 7 minutos más. Sus asesores le informan de la situación.

Pero el servicio secreto presiona para que se le proteja en un lugar seguro.

La comitiva presidencial no abandonará, sin embargo, la escuela hasta las 09H35.

Según notas de la Casa Blanca, incluidas en el informe de la comisión, el presidente llamó por teléfono a su adjunto, el vicepresidente Dick Cheney.

«Parece que tenemos una pequeña guerra aquí. Escuché lo que sucedió en el Pentágono. Estamos en guerra… Alguien las va a pagar», dijo Bush.

Cheney le pide entonces expresamente al presidente que no vuelva a Washington, que era lo que pretendía hacer Bush, incluso en contra de la opinión de sus colaboradores más cercanos, que piensan que la situación es muy inestable. Ciertas informaciones dan cuenta, en efecto, de un avión comercial secuestrado que se dirige a la capital federal.

Poco después, el Air Force One, el avión presidencial levanta vuelo, pero sin destino preciso.

«El objetivo, indica el informe, era tomar altura tan rápido y alto como fuera posible, y decidir luego a dónde ir».

Son las 09H55. Cheney informa al presidente, que se halla en su avión, que tres aparatos en total se estrellaron sobre territorio estadounidense. Poco después, un cuarto, que volaba hacia Washington, cae en un campo de Pensilvania tras la intervención de algunos pasajeros. *

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