Las "metidas de pata" de Mori
Los japoneses están acostumbrados a las «metidas de pata» de sus políticos, que han alcanzado su máxima expresión con el premier Yoshiro Mori en los dos meses y medio que éste lleva al frente del gobierno.
El propio premier –quien sustituyó a Keizo Obuchi, que a principios de abril sufrió un derrame cerebral y finalmente murió, confirmó ayer una noticia publicada por el semanario Shukan según la cual participó en 1996 en la boda del hijo de un ex jefe del crimen organizado de la ciudad de Fukuoka.
El premier participó en la citada boda no como un simple invitado sino como un auténtico protagonista, pues fue el «nakado», es decir, la persona que hizo que la esposa y su marido se conociesen.
Mori confirmó su asistencia a la boda «a pedido de alguien muy importante», pero precisó que «no mantiene relaciones personales» con el padre del novio, un ex mafioso que se «recicló» como constructor de campos de golf.
«El hecho de que el artículo haya sido publicado durante la actual campaña electoral deja intuir ciertos motivos», añadió el premier, cuyo partido, el Liberal Demócrata (LDP), es favorito según las encuestas para las elecciones legislativas del domingo.
El semanario ya publicó en mayo pasado que en 1995 Mori participó también en otra boda a la que también asistió un jefe de la «yakuza», la poderosa y peligrosa mafia japonesa.
Sin embargo, estas denuncias no son nada en comparación con el malestar creado por algunas declaraciones realizadas por el propio premier. La que levantó mayor polémica fue la realizada hace un mes, cuando definió a Japón como «un país divino, cuyo centro es el emperador».
La frase recordó a la prensa y a la oposición la retórica nacionalista que en los años 30 y 40 acompañó la guerra de agresión realizada por Tokio contra otros países asiáticos.
El escándalo levantado por la desafortunada frase hizo que Mori tuviese que pedir excusas públicas debido a lo que definió como «los malos entendidos» provocados por su afirmación que, sin embargo, se negó a retirar.
También causó polémica el nuevo error cometido por el premier durante un mitin electoral celebrado el domingo en el que subrayó lo bueno que sería para él si los electores que aún no decidieron a qué partido votar «se quedaran durmiendo en sus casas» en vez de acudir a las urnas.
Según los últimos sondeos, el único factor que amenaza la victoria del LDP es la incertidumbre de un alto porcentaje de votantes.
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