El tacto y el olor en guerra contra piratas informáticos

El Pentágono decidió, como forma de protección de archivos y laboratorios secretos, confiar en novísimos sistemas de seguridad que reconocen a quienes trabajan en un lugar determinado por la voz, las huellas digitales e incluso el olor.

La semana próxima –anticipó ayer el diario USA Today– en Arlington, cerca de Washington, el Pentágono inaugura en nuevo cuartel general para la seguridad «biométrica» contra los piratas informáticos.

La «biométrica» es la ciencia que permite a las computadoras reconocer a una persona por el timbre de la voz, las huellas digitales o ciertas particularidades como el iris del ojo e incluso el olor.

El personal que trabaja en proyectos secretos será fotografiado de la cabeza a los pies, hasta en los más pequeños detalles, y ese material será conservado en bancos de datos.

Sobre la base de éstos las computadoras podrán luego reconocer a quien entra y sale de los locales secretos o hace algún tipo de búsqueda en los archivos de alta seguridad.

Junto al uso de los más tradicionales códigos de identidad personal, ello permitiría eliminar las claves o «passwords» que son presa fácil de los «hackers», los que a fuerza de intentos, tarde o temprano, logran hallar las claves para acceder a los sistemas e informaciones protegidas.

Si Phillip Loranger, director de la sección biométrica del Pentágono, dice satisfecho «llegó 007″, hay quien en estos sistemas también ve nuevos peligros y problemas.

Los problemas son sobre todo de orden ético, según Berry Steinhardt del grupo Unión de Libertadores Civiles, con sede en Nueva York, quien en los bancos de datos que contienen informaciones detalladas sobre un individuo ve una violación de la privacidad.

El peligro, según Steinhardt, es que «estas tecnologías amenazan siempre con afectar la vida de todos los días», dado que «lentamente nos movemos en una dirección que podría terminar llevándonos a una sociedad supervigilada».

Temerosas de este control sobre el ser humano, distintas instituciones en el mundo ya comenzaron a servirse de la biométrica en contra de intrusiones, físicas o telemáticas.

Por ejemplo, el ejército canadiense adoptó en los laboratorios secretos un sistema para el reconocimiento del pulgar del personal autorizado y el aeropuerto internacional de San Francisco un sistema de seguridad basado en el reconocimiento de la forma de la mano de los trabajadores.

El proyecto del Pentágono, sin embargo, comienza a funcionar, pese a las críticas, y un primer aparato de seguridad biométrica será realizado por el ejército, mientras los marines, la marina y la aviación están aún trabajando en proyectos piloto para definir cada uno un sistema especial.

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