George W. Bush
Está a punto de ganar su apuesta. El voto previsto de ayer de una resolución de la ONU, cuando recibe a sus homólogos del G8, representa un éxito diplomático. En plena campaña electoral, podrá enorgullecerse del respaldo de los europeos y de los rusos para la próxima fase en Irak, la de la transferencia de soberanía prevista el 30 de junio.
El presidente estadounidense necesita urgentemente esta demostración de unidad, cuando la guerra en Irak suscita un escepticismo creciente en Estados Unidos, y el escándalo de las torturas infligidas a los prisioneros iraquíes afecta la imagen del Ejército norteamericano tanto en su país como en el extranjero.
Los estadounidenses, a cambio, redujeron sus ambiciones de su «Iniciativa por un Gran Medio Oriente y Africa del Norte», consistente en un plan de reformas políticas y económicas para los países de esas regiones. Frente a la hostilidad de varios países árabes, a las fuertes reservas de los europeos, los documentos adoptados en el G8 deberían ser redactados de manera de no dar la impresión de imponer reformas desde el exterior. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad