La propuesta de Washington y Londres se aprobó por unanimidad del Consejo de Seguridad

La ONU se hace cargo de Irak

La resolución 1546, adoptada por el voto unánime de los 15 miembros del Consejo de Seguridad, fue impulsada por Estados Unidos y Gran Bretaña para trasladar la soberanía al nuevo gobierno interino de Irak el 30 de junio.

La resolución establece la «plena soberanía» del nuevo gobierno interino iraquí y traza las etapas del proceso político que conducirá hacia fines de 2005 a la elección de un gobierno constitucional.

También fija las modalidades para el rol de las fuerzas multinacionales, uno de los puntos que motivó revisión tras revisión del borrador de la resolución, que había comenzado a debatirse hace cuatro semanas.

Las presiones de los miembros permanentes del consejo, Francia, Rusia y China, así como Alemania y un bloque de otros miembros no permanentes de cuerpo, como Chile, Brasil y España, hicieron especial hincapié en virtuales notificaciones de las operaciones militares a partir de la asunción formal del nuevo gobierno.

Chile, España y Brasil también reclamaron y obtuvieron la inclusión de diversas y decisivas cláusulas sobre la vigencia y respeto de los derechos humanos en esa nación, cuya seguridad hasta hoy en manos de la coalición liderada por Estados Unidos genera enorme preocupación sobre la viabilidad de un proceso de normalización, en el que serán claves las Naciones Unidas.

La resolución, que consta de un texto de siete páginas con dos cartas anexas del secretario de Estado Colin Powell y de Iyad Allawi, premier del nuevo gobierno interno de Irak, es fundamental para las aspiraciones de la administración de George W. Bush en el explosivo Medio Oriente.

Y fue emitida en coincidencia con la Cumbre del G-8 que se inicia ayer en atlántica Sea Island, en el estado de Georgia.

Tras la votación de la resolución, saludaron su aprobación los embajadores de Estados Unidos, Gran Bretaña, Argelia, Pakistán, China, Francia, Alemania, Rusia, Chile, España y Brasil.

Fuera del consejo, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, abogó para que se alcancen las previstas elecciones de enero de 2005, en el marco «de un mejor entorno seguridad» en Irak.

Se expresó a favor de la continuidad de la labor de su enviado especial a Irak, Lakhdar Brahimi, y de la directora de elecciones de la ONU en esa nación, Carina Perelli.

Annan precisó que «era menester una clase de entorno de seguridad que permita la movilidad y el desenvolvimiento de la vida normal» en Irak, para asegurar todo un proceso democrático allí.

Luego, Annan se reunió con el llamado Grupo de Amigos de Irak, que comprende a 47 naciones y a la Unión Europea, un foro instalado por el secretario general para intercambiar opiniones y compartir consejos con partes interesadas claves, incluyendo a los vecinos de Irak, y donde ejerció presiones para el respaldo del nuevo gobierno interino. La ONU participa en el proceso de democratización de Irak tras haberse visto envuelta en un grave atentado en el que en agosto pasado murió el enviado especial de Annan, Sergio Vieira de Mello, y está siendo investigada por denuncias de corrupción en el programa humanitario Petróleo por Alimentos (1996-2003).

El canciller iraquí, Hoshyar Zebari, saludó la nueva resolución porque concede al nuevo gobierno interino de su país «la legitimidad internacional» que necesita con su gente y los países vecinos.

Se congratuló también, de que la resolución tendrá «un impacto positivo» sobre la seguridad, al remover la percepción de fuerza ocupante de la fuerza multinacional liderada por Estados Unidos.

El nuevo texto da la bienvenida al intercambio de misivas entre Allawi y Powell y sus empeños de trabajar juntos para alcanzar acuerdos «sobre una amplia gama de fundamentales problemas de seguridad y políticos».

También destaca «la responsabilidad de las fuerzas de seguridad de Irak, que el gobierno de esa nación tiene la autoridad para comprometer las fuerzas de seguridad iraquíes en operaciones conjuntas con las multinacionales» y que los nuevos cuerpos de seguridad señalados en sendas cartas serán utilizados para alcanzar un acuerdo sobre temas de seguridad y militares.

La cumbre de mandatarios de los países del G8 -las siete naciones más ricas del mundo más Rusia- en Sea Island, estado de Georgia, quedó ayer marcada por la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el traspaso del poder en Irak, dejando en lejano segundo plano los acuerdos alcanzados en el terreno de la asistencia internacional.

La aprobación unánime de los quince miembros del consejo, dijo el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, representa «un momento importante» que puede convertirse en un «catalizador del cambio» en Irak y todo el Medio Oriente.

«Algunos decían que nunca íbamos a tener» una resolución de la ONU aprobando el documento presentado por Estados Unidos y Francia, recordó Bush.

En cambio, agregó, los países que forman parte del consejo de seguridad «entienden que un Irak libre sirve como catalizador del cambio en Medio Oriente, lo que es una importante parte de una victoria en la guerra contra el terrorismo».

La noticia llegada desde Nueva York contribuyó al clima que Bush pretende impregnar sobre la cumbre, a la que quiere convertir en una demostración de unidad entre los países más ricos y poderosos, una consecuencia lógica de las celebraciones de amistad llevadas a cabo el domingo último en las playas de Normandía.

Antes de la apertura de las labores de la cumbre, cuya sesión inaugural se celebrará el miércoles por la mañana, la Casa Blanca anunció una serie de cuatro acuerdos sobre puntos destacados de la «agenda compasiva» del presidente Bush: la lucha contra el hambre en el cuerno de Africa, el involucramiento del sector privado en la lucha contra la pobreza, los esfuerzos contra el sida y la polio.

En Sea Island, una isla frecuentada por los ricos y famosos de Estados Unidos, la primera cita multilateral será la cena social de la noche. Ayer, Bush se reunió con el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi -con quien habló sobre Corea del Norte-, el canadiense Paul Martin, el alemán Gerhard Schroeder y el presidente ruso, Vladimir Putin. *

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