La derecha argentina se reagrupa

Las graves denuncias del presidente Kirchner y la realidad

Dentro del propio gobierno se oyen opiniones matizadas y asombradas y no se acierta a definir qué es lo que une, efectivamente, varios hechos de significación grave, como es el incendio intencional del sistema computarizado del ramal ferroviario del sur o delitos en alza con muy posible participación de policías como represalia a las purgas masivas impulsadas por el Presidente.

Nadie, del Gobierno, puede dar fe de la existencia de un centro coordinador desestabilizador, que de existir, no procedería solo a debilitarlo a Kirchner sino tratar de que no acabe con su mandato, aunque la vía no sea la de la añeja tradición latinoamericana. Es poco serio que se use como argumentos comentarios de periodistas de escaso nivel, avizorando un final abrupto para el mandato presidencial.

De tener vida semejante organización (lo que no descarta que se conforme con el tiempo y tenga color menemista), habrá que pensar en un escenario venezolano, con una oposición que no le dé tregua al sector del peronismo que gobierna y donde incluso una veta de ese palo entraría en el juego negativo.

Ahora son solo presunciones que tienen asidero en cuanto hubo hechos objetivos (el incendio intencional al ferrocarril, por caso) y que efectivamente algunos intereses pueden sentirse afectado por medidas oficiales.

Hay mucho, en Kirchner, de su propia cultura política, de ver enemigos donde hay diferencias fuertes, de presentir que a la vuelta de la esquina, lo esperan para devolverle agravios.

Los hay en demasía aún si solo se contabiliza a los militares y civiles vinculados a los tiempos de la dictadura o los purgados en las policía Federal y bonaerense.

A veces se tiende a creer que se eleva un tema a guisa de distracción porque al Presidente lo corren por izquierda hasta los radicales debido a que modificó su propuesta para la deuda o aceptó enviar tropas a Haití. «Vicario de Washington» le espetaron senadores de la UCR y no hay ofensa mayor con que puedan castigarlo a Kirchner que esa acusación.

Ya se sabe, Kirchner no encabeza un movimiento jacobino. Quiere afianzar el capitalismo, y casi todo lo que hace en economía, lleva esa impronta que pretende tener al aditamento de «nacional». Pero son extranjeros los grupos concentrados, por ejemplo los que controlan los servicios públicos o el petróleo y no pueden decir que les va mal. Claro, podrían haber preferido un gobierno que siguiera más fielmente la agenda del gran capital, no es el caso.

El pronunciamiento de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) donde está lo más granado del gran capital, de respaldo abierto a la nueva propuesta de pago para salir del default proclamado a finales del 2001 es significativa de que la entidad le reconoce al Presidente un apoyo fuerte a sus intereses, donde, obvio, a veces brotan contradicciones.

¿Entonces, cuales son los bolsillos doloridos? Tal vez pueden los que deben oblar impuestos fuertes a la exportación de petróleo y gas, pero que no dañan los intereses globales de esos sectores. Pedir más, está en la lógica del empresariado. Lo que no supone afirmar que de allí salen las órdenes para provocar al Presidente.

La nueva propuesta oficial para salir definitivamente de la cesación de pagos, no es la misma que la divulgada en setiembre en Dubai, y que fuera rechazada por el FMI, los norteamericanos y europeos, y por los tenedores de bonos. La cuestión fue la más dura en ser aceptada por el Fondo y marcó el contenido de las dos negociaciones que hubo este año. Se viene la tercera y la deuda estará en la agenda de la revisión de la marcha de la economía, ligada al acuerdo con ese organismo.

Hay una novedad de fuste en lo informado ahora, como es la de reconocer los intereses de esos bonos, que en Dubai estaban fuera del programa y que ya no permiten hablar con soltura que el monto final que se destine al pago de lo adeudado, sea el 25% de lo poco más de 82 mil millones de dólares. Ahora se promete más plata que en septiembre aunque la cifra final depende de cálculos sobre que intereses pagará cada bono de los tres propuestos se emitan para absorber los casi 150 papeles diferentes que están por todos lados. De lo que no hay duda es que habrá más dinero. Y que el 75% de quita es hoy un dibujo.

El discurso gubernamental insiste en que no es así, que más plata no habrá que el que viene del 3% de superávit del PBI, pero hay dudas que no se haya adoptado ya trepar al 3,4%, si se computa el excedente nacional y provincial.

¿No habrá repechaje a lo anunciado ahora, como ha jurado Kirchner?

El Presidente (o el ministro Roberto Lavagna) no pueden decir otra cosa, que la oferta es la última. Si se mira la reacción negativa de los bonistas extranjeros (los locales, que representan casi el 20% han dado el sí), de Wall Street, pareciera que lo anunciado ha sido en vano.

No es lo que opinan en el gobierno y muchos analistas que creen que recién ahora se inicia una larga negociación cuya suerte depende, mucho, del papel que juegue el Fondo y el G7. Larga será sin duda porque lo ofrecido debe pasar por organismos de control de EEUU y Europa y, ya se sabe que cuando llega julio, el hemisferio norte entra en receso hasta su otoño.

Por lo pronto John Maisto, que es el delegado norteamericano en la OEA y que anduvo por acá, le dio el OK, que difícilmente pueda leerse como palabras de compromiso. «El silencio es salud», dicen por el ministerio de Economía, al hacer notar que ni el Fondo, ni el Departamento del Tesoro o los países del G7 han dicho algo negativo sobre la nueva oferta. Cuentan que el español Rodríguez Zapatero envió su recoleto respaldo.

Hay algo más e importante. El Comité de Bancos que asesora en esta faena, y donde están los pesos pesados, no se disgregó, no hubo baja alguna lo que demuestra que contemplan la posibilidad de un arreglo a pesar de las amenazas de los tenedores de bonos de bloquear el trámite negociador.

¿Por qué los alaridos? Es probable que no sólo que se le pida a la Argentina algo mejor, lo que ya podría poner en riesgo no solamente la sustentabilidad del plan sino las posibilidades de crecimiento, clave para que puedan cumplirse con los acreedores y atender mínimamente la deuda social.

En Economía se especula o saben, es difícil precisarlo, que afuera esperan que el gobierno destine un fuerte pago al contado como «gesto» de arreglo. Lavagna ha dicho que no, pero hubo otros no, antes. Y una negociación deja abierta muchas opciones.

El mundo en que se hace esta nueva propuesta no es el mejor de los posibles para países como la Argentina, tan vulnerable en su sector externo o por sus estrechos lazos con Brasil, donde la unidad política está muy sana (afirman en el Palacio San Martín) pero el curso económico del vecino mayor puede dañar muchos de los cálculos internos.

Kirchner no tiene, de todas maneras, tanto aliados exteriores como para defender su oferta original para la deuda y ha debido que pagar un costo político, porque el cambio ha sido aprovechado (menos de lo esperado) por la oposición política, para exhibirlo como diciendo una cosa y acordando otra. Con todo, Elisa Carrió, líder del ARI y del progresismo extra gubernamental y Ricardo López Murphy, el centro derecha más destacado, no arrojan leña a la hoguera de la deuda aunque si enfrentan al Presidente en sus denuncias sobre desestabilización.

Tampoco el Presidente está tan fuerte en el plano interno. Mantiene una imagen positiva alta y un vínculo efectivo con las personas comunes, pero carece de poder como para caminar por otro camino que el conocido, no el proclamado, porque, su principal sostén, el peronismo en sus variadas lecturas, no lo acompañaría.

Esta semana la cámara baja dará finalmente
aprobación al envío de militares a Haití para imponer la paz. Inútiles serán los argumentos que darán los progresistas y la izquierda que en ese país un presidente fue expulsado por los marines y que finalmente se continuará el plan de Washington, aunque habrá una fuerza de mayoría latinoamericana que debe hacer cumplir el mandato del Consejo de Seguridad.

Con todo, la oposición más radical no pudo responder que deberían hacer los latinoamericanos en un escenario tan caótico y donde no está cerrada la perspectiva de una guerra civil. Dicho de otro modo, que alternativa a la fuerza de paz era factible, más allá que el ARI, por caso, hubiera limitado todo a ayuda alimentaria y sanitaria,

En ese vacío, Kirchner actuó según lo aconsejado por su canciller, Rafael Bielsa y por el ministro de Economía, que sabe que en algún lugar de la realidad de la política estadounidense, una negativa a ir al Caribe acotaría mucho el proyecto para acabar con el default. Dicho de otro modo, es una concesión a Washington, aunque se niegue o no tenga (totalmente) el tufillo de toma y daca que se presupone en el vasto campo de la reducida izquierda.

En los dos casos, deuda y tropas al exterior, Kirchner paga un costo en el espacio que quiere construir como contrapeso al aparato del justicialismo.

Ese sector, en su mayoría, no lo acompaña sobre todo en el caso Haití y revive la polémica de como construir poder efectivo para el Presidente. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje