El Papa reclamó la participación de Naciones Unidas en Irak
Bush dialogó con el Papa aprovechando su viaje para asistir a las conmemoraciones por los 60 años de la liberación de Roma por las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial, dos días antes del desembarco en Normandía, pero para el rígido protocolo vaticano su presencia fue solamente una «visita privada».
Sin embargo, por tratarse de un jefe de Estado, se usaron algunos honores especiales, como el piquete de los guardias suizos formados en el patio de San Dámaso y la recepción por los dignatarios pontificios.
Bush fue recibido después por el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, quien según los periodistas presentes le preguntó al presidente si había llegado durante la noche y Bush respondió escuetamente «sí, a la una».
El carácter privado de la visita fue también atestiguado por la falta de intercambio de discursos.
Fuentes del Vaticano dijeron que, en realidad, en la Sala Clementina -donde esperó a la numerosa delegación estadounidense y a la que el Papa y Bush llegaron después del encuentro privado en la biblioteca pontificia- la ceremonia estuvo dedicada a la entrega de la Medalla de la Libertad del Congreso de Estados Unidos a Juan Pablo II, y fue por eso que Bush improvisó algunas palabras y después leyó los motivos de la distinción.
A su vez, el Pontífice regaló al jefe de la Casa Blanca una pequeña tabla de bronce en la que está esculpido un párrafo del Evangelio de San Juan, con un relieve del apóstol evangelista.
En este tercer encuentro con Juan Pablo II -después del diálogo cordial de 2001 y del más tenso de 2003-, Bush, quien en algunos momentos pareció intimidado frente al protocolo vaticano, fue guiado paso a paso en sus movimientos por Sodano.
Es la primera vez que el Papa recibe a Bush después de la invasión a Irak por las tropas norteamericanas, a la que la Santa Sede se opuso tenazmente, pero sin encontrar eco alguno en la Casa Blanca.
Según muchos observadores, la visita de ayer, deseada por el presidente norteamericano, pudo servir para reducir tensiones entre Washington y la Santa Sede y, teniendo en cuenta las elecciones presidenciales del 2 de noviembre en Estados Unidos, para tranquilizar al electorado católico, que representa por lo menos un quinto del total.
Fue el Papa quien hizo clara referencia, en su mensaje leído enteramente en inglés y con fatiga, a los temas que dividen a la Casa Blanca y la Santa Sede.
El pontífice advirtió que la situación en Irak y en Tierra Santa «debe ser normalizada lo más rápidamente posible con la activa participación de la comunidad internacional y en particular de las Naciones Unidas».
Juan Pablo II también aludió, sin nombrarlas específicamente, a las torturas y abusos sexuales que cometieron los militares norteamericanos en las cárceles iraquíes.
Por otra parte, auspició «una más plena y profunda cooperación» entre Estados Unidos y Europa, que «podrá seguramente jugar un papel decisivo para resolver» los grandes problemas que afectan a la humanidad y llegar a la paz.
También será importante la intervención europea en la lucha contra el terrorismo y las «intolerables condiciones» que afectan a varios países africanos, añadió. *
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