Livingstone y la batalla de ideas
El primer ministro inglés se propuso imponer a toda la socialdemocracia europea dicha «tercera vía, en conjunción con el canciller germano Gerard Schröder, en este caso ligeramente mimetizada como «nuevo centro» (neue mitte). Luego procuraron extenderla al mundo en la reunión de 14 gobernantes de cuatro continentes celebrada el 2 y 3 de junio en Berlín con el lema: «Gobiernos progresivos para el siglo XXI», bajo la batuta del presidente Clinton, nada menos. Así como en Alemania esta política encontró la vigorosa resistencia de Oskar Lafontaine (cuyo libro «El corazón late a la izquierda» siembra sus ideas por doquier), en Inglaterra se topó con el horcón del medio en la persona del nuevo alcalde de la capital.
«Ken el rojo» vs. Blair.
Por Primera vez, el pasado 4 de mayo se puso a votación el cargo de alcalde (mayor) de Londres. En comicios internos, el Partido Laborista debía elegir su candidato entre el izquierdista Kennet Livinstone, la ex actriz Glenda Jackson y Frank Dobson, ex ministro de salud y candidato oficial. Por la forma en que se procesó dicha elección, The Times opinó que el «New Labour» (como lo llama Blair) debía ser rebautizado como «partido apto para trucar las elecciones». Los precandidatos fueron sometidos a un interrogatorio interno, y luego se procedió a votar. El colegio electoral estaba dividido en tres secciones, la primera, integrada por los parlamentarios y diputados europeos correspondientes a Londres; la segunda, por los sindicalistas afiliados al partido, y la tercera por los demás adherentes. En este colegio, el voto de un diputado valía más que el de 450 afiliados. No era obligatorio que las direcciones sindicales consultaran a sus miembros sobre el sentido de su voto.
Los diputados votaron en masa por Dobson. los sindicalistas que consultaron a sus miembros votaron por Livingstone en la proporción de 74,6% a 14,1%, pero en ese caso se impuso lo que se llama el «voto bloqueado» (decidido exclusivamente por los dirigentes sindicales, coaccionados por la cúpula partidaria y sin consulta a las bases), y la votación se trasmutó en 80% a favor de Dobson. Los adherentes directos votaron 60% contra 40% a favor de Livingstone. En resumen, éste reunió unos 70.000 votos contra apenas 20.000 para Dobson, quien no obstante fue declarado triunfador.
Despojado de su victoria, Livingstone anunció que se presentaría como candidato independiente. Blair lo expulsó del partido en el cual militaba desde 31 años atrás, y lanzó una furibunda campaña en su contra. Amenazó también con expulsar a los afiliados que hicieran campaña por él, pero rebobinó al advertir que perdería buena parte de los obreros. La prensa del magnate australiano Murdoch hizo campaña contra «Ken el rojo», y Dobson lo calificó de «basura roja». Levingstone obtuvo 51% de los votos en primer turno, frente a 14% de Dobson y 31% del tory Steven Norris.
El opositor a la «dama de hierro»
Antes existía un Gran Consejo de Londres (Great London Council, GLC), una suerte de consejo municipal y Livingstone fue en su seno la figura de primer plano entre 1981 y 1986. Impulsó una política social de orientación progresista. Rebajó en 32% el precio de los transportes públicos (bus y metro), lo que redujo la congestión automovilística y la polución. Anudó los primeros lazos con el Sinn Fein, brazo político de la IRA, recibiendo a Gerry Adams. Bregó por la igualdad de los sexos y el reconocimiento de los derechos de los homosexulaes. Se preocupó por el acceso de los minusválidos al transporte público, subvencionó las artes, facilitó relaciones más directas entre la policía y la población.
En todos los planos enfrentó de manera decidida la política neoliberal de Margaret Thatcher. Como ésta no lo pudo derrotar por medios políticos, optó por disolver el Gran Consejo de Londres en 1986.
Alcalde de Londres.
Desde su nuevo cargo, anunció como objetivo primordial la modernización del metro, uno de los más caros e ineficientes del mundo, y proyecta financiar el proyecto mediante la emisión de obligaciones vendidas al público. Blair se opone violentamente, y propone una privatización parcial, a pesar de que la experiencia ferroviaria en esta materia ha sido desastrosa y de que un estudio independiene concluye que el proyecto del primer ministro cuesta mil millones de libras esterlinas más que el del alcalde.
No se olvide que Blair sigue el trillo de su mentor ideológico, Anthony Giddens, el teórico proclamado de la «tercera vía», profesor en Cambridge y hoy cabeza de la London School of Economies, según el cual «los sistemas de protección existentes, y la estructura de conjunto del Estado, son fuente de problemas, y no solamente la solución de los mismos», que «los gastos sociales deben ser evaluados en sus consecuencias para la economía en su conjunto» y por último que «los mecanismos de exclusión existen en la parte inferior de la sociedad, pero también arriba». Con lo cual, como ironiza Pierre Bourdieu, los dueños de la economía han encontrado su Pangloss.
Hitler y el FMI
La visión de Livingstone no se limita a Londres y a la Gran Bretaña, sino que se extiende a los problemas mundiales. En ese sentido, opina que el sistema financiero internacional, FMI incluido, es culpable de la miseria del Tercer Mundo y «anualmente mata más gente que la II Guerra Mundial». «Por lo menos Hitler estaba loco», agrega. Estima asimismo que de 15 o 20 millones de personas mueren cada año porque los gobiernos del Tercer Mundo reducen los gastos de salud y saneamiento del agua, para poder reembolsar sus deudas.
En resumen, es visible que se abren alternativas ante el neoliberalismo, salvaje o disfrazado, y para agrupar fuerzas opuestas al dominio incompartido del mundo por parte de Estados Unidos.
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