El bife o la hamburguesa
Rocha confió ante un público convocado por el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), que es el amplificador de la Cancillería, que los dos Presidentes «se enamoraron».
«Es cierto que no es muy diplomático los que les digo, pero me di cuenta que eso ocurrió, ya que participé del encuentro», dijo el hombre que cubrió los últimos tres años el papel de un embajador ausente, por esos líos que suele tener la política interna norteamericana y por la tozudez del senador republicano, Jesse Helms, que vetó a dos candidatos que Clinton quiso enviar a este destino considerado entre los más importantes en América Latina.
Rocha –que se rodeó de todo el arco político y periodístico para su trabajo– había estado antes al frente de la Oficina de Intereses de los EEUU en La Habana y ahora marcha presuroso a La Paz, Bolivia, que es otro lugar clave para Washington, lo que dice suficientemente sobre el personaje que amen de hablar en el CARI, se despidió formalmente de su cargo con una recepción donde los empresarios ocuparon el mayor espacio.
En el CARI presentó un trabajo donde se compilan todos los tratados bilaterales entre la Argentina y los EEUU, faena a la que se dedicó el politólogo y periodista, Rosendo Fraga.
Fue Rocha quien mejor definió en pocos datos la profundidad de los cambios en los años 90 bajo el menemismo, con relación a la política frente a los EEUU y de Europa.
«Antes, los argentinos comían bifes a la mañana, en el almuerzo y en la cena. Ahora comen hamburguesas; hay en la Argentina, 173 negocios McDonlad´s», precisó. Y más: «desde que los EEUU no exigen visado a los tenedores de pasaporte argentino, el flujo de turistas es ahora mayor hacia mi país que a Europa con un destino preferente, Orlando». Es decir, Disney World.
La influencia cultural
Así las cosas, otros datos clásicos como que las exportaciones norteamericanas hacia este país en la última década se multiplicaron casi ocho veces, o que los EEUU, es hoy con 14.000 millones de dólares el primer inversor, seguido a un soplido en la nuca por España, cuando a principio de los ’90, no pasaban de los 2.000 millones, queda chico, frente al influjo cultural norteamericano. Y no del mejor, que digamos. Después de México con una suma impresionante, le siguen 3.500 estudiantes argentinos entre los latinoamericanos más numerosos que están en Universidades del país del Norte.
Rocha supone que ese número se multiplicará cuando en el 2005, se firme –y lo expresó con seguridad–. el Tratado que dará nacimiento al Mercado Común Americano, al que le auguró gran futuro, la palanca de despegue de los países latinoamericanos, como lo revela –subrayó– de que manera el Nafta le cambio la cara al México actual.
En lugar de Rocha, antes del 4 de julio, el Día de la Independencia de los EEUU deberá estar aquí su sucesor, el embajador James Walsh, diplomático que paso años de su juventud en Córdoba y que ya revistó como consejero político y luego como encargado de negocios, a principios de los ´90. Será un embajador con tonada cordobesa, que en sí mismo, exhibe el concepto de continuidad que Rocha le adjudicó al viaje de De la Rúa a Washington.
El presidente retornó ayer de su gira que abarcó además Cartagena de Indias, donde participó de la cumbre del Grupo Río, y del encuentro del Grupo de los 15, en El Cairo. En esta tribuna, De la Rúa reclamó que el FMI atenúe sus exigencias fiscalistas.
Sabe muy bien de ese rigor, que le está haciendo perder popularidad en forma vertiginosa más de 20 puntos en las últimas semanas. Y cuando descendió del Tango 01 que usó, aunque a disgusto, por ser un símbolo del menemismo, se encontró con numerosas calles y avenidas cortadas por empleados del Estado que protestaban por el recorte de los sueldos para calmar las cuentas fiscales y que ha enervado las relaciones de la Alianza con el Senado que controla la cámara de senadores. A pesar del «enamoramiento» washigntoniano.
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