Un nuevo tipo de disidencia
El régimen comunista chino, en el poder desde hace 54 años, debe ahora hacer frente a un embrión de sociedad civil impulsada por una nueva disidencia que aprendió la lección de la sangrienta masacre de Tiananmen de 1989 y rechaza la lucha política frontal. La generación de dirigentes que desde noviembre de 2003 rodea a Hu Jintao se ve regularmente confrontada a militantes que no hablan más de derrocar al partido, sino solamente de causas ciudadanas.
«No queremos oponernos directamente al sistema, pero hay que admitir que la frontera entre la disidencia directa y la opinión divergente es difícil de establecer», destacó Hou Wenzhuo, universitaria que pasó por Harvard y Oxford y organiza «forums de discusión» sobre temas sensibles.
«Debemos desafiar al gobierno porque hay que encontrar los medios aceptables para resolver los problemas sociales. Muchos chinos están hoy enojados y necesitan que les protejan sus derechos: propietarios, consumidores o campesinos que se hunden bajo el peso de los impuestos», agregó.
Hou, de 34 años, inició varios debates públicos sobre la libertad de prensa o cuestiones campesinas, y el año pasado se unió a un grupo de intelectuales que reclama abiertamente mayores garantías constitucionales para la libertad de expresión y de asociación.
Pero el debate fue corto. Las autoridades ordenaron a los medios de comunicación no volver a tratar el tema. Las actividades de Hou, aunque toleradas, irritan a la policía política, que ante la proximidad del 15º aniversario de la masacre de Tiananmen, el 4 de junio, acentuó la represión, allanando su apartamento y sometiéndola a interrogatorios a ella y a sus amigos.
«No tengo miedo de ser arrestada. No hice nada malo, pero me preparé para lo peor», declaró.
Una voz más radical de esta nueva disidencia, Jiao Guobiao, estimó que la hora de las reformas políticas aún no ha llegado.
«Actualmente no hay muchos signos de que una reforma democrática esté en la agenda», señaló a la AFP Jiao, de 41 años y profesor de periodismo en la prestigiosa Universidad de Pekín. «La vieja guardia aún está allí y es difícil para los nuevos dirigentes introducir reformas políticas», agregó. *
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