El régimen es legitimado por un formidable crecimiento económico

A 15 años de Tiananmen, el PC chino sigue en soledad

Sobre la gran explanada ubicada en el centro de Pekín, así como en el resto del país, aún está prohibido manifestar, salvo cuando la capital china es escogida para organizar los Juegos Olímpicos o cuando la selección de fútbol clasifica para el Mundial.

La masacre de la noche del 3 al 4 de junio de 1989, que causó varios centenares de muertos, aún es justificada por el régimen comunista chino en nombre del «futuro del Partido y del país».

Este año, como en cada aniversario, los disidentes que quieren conmemorar la tragedia fueron puestos bajo estricta vigilancia. Es el caso de la profesora universitaria y «madre de Tiananmen», Ding Zilin, cuyo hijo fue asesinado por el ejército, así como del crítico social Liu Xiaibo o del militante anti SIDA Hu Jia.

De unas 15.000 personas presas o enviadas a campos de trabajo por su implicación en el movimiento democrático, más de 300 permanecen detenidas, según Frank Lu, director del Centro de Información sobre los Derechos Humanos y la Democracia en China, con sede en Hong Kong.

Los que fueron liberados llevan habitualmente una vida difícil. «Incluso las empresas privadas tienen miedo de tomarlos porque la policía va a verificar cotidianamente que estén en su lugar de trabajo», declaró Lu.

Pero más que a la represión, el poder debe su permanencia a un crecimiento económico sostenido sobre un período excepcionalmente largo y a la mejora del nivel de vida.

El desarrollo y la movilidad social aumentaron las libertades individuales y cada vez más ciudadanos están determinados a hacer valer sus derechos, por lo general vapuleados por las redes de influecnia de los potentados locales.

Los comités de barrio, que vigilan escrupulosamente la aplicación de la política del hijo único, no persiguen más a las parejas no casadas.

Con 580 millones de teléfonos, de los cuales 295 millones son celulares, y 69 millones de accesos a Internet, la circulación de la información alcanzó un grado que era inimaginable hace 15 años.

«Mientras uno no cuestione al régimen lo dejan tranquilo», señaló Joseph Cheng, politólogo de la City University de Hong Kong. En el plano político, la mayoría de los chinos «piensa que no hay alternativa; temen que si el régimen cae sobrevenga el caos». Es el caso de los estudiantes, mucho menos politizados que la generación de 1989.

El ejemplo ruso es otro factor que desalienta el cambio. «El fracaso de Rusia en convertirse un país a la vez próspero y democrático es probablemente el factor que más influencia a la opinión pública china», destacó Joseph Fewsmith, especialista de China en la Universidad de Boston.

Los pocos que se atreven a organizarse para cuestionar la legitimidad del régimen son víctimas de una represión implacable. Según Amnistía Internacional, al menos 50 internautas fueron detenidos o condenados a penas de hasta 12 años de prisión por haber publicado sus escritos o haber circulado informaciones sensibles en Internet.

El último intento por crear en China un partido de oposición, el Partido Democrático Chino (PDC), terminó rápidamente en 1998 al ser puesto fuera de la ley. Sus fundadores fueron condenados a duras penas de prisión.

En esas condiciones, la protesta toma habitualmente la forma de un compromiso por causas ciudadanas, como el SIDA o el medio ambiente, frente a la colusión de intereses entre el poder político y el económico. *

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