Análisis internacional

EEUU está digitando el nuevo gobierno iraquí

Cercado por la repulsa mundial por el escándalo de las torturas, EEUU se comprometió a tomar medidas y a traspasar la soberanía a los iraquíes el 30 de junio. La única medida fue condenar a un soldado y echar al general Ricardo Sánchez, remplazado desde hoy por otro general yanki. Sobre el nuevo gobierno interino, EEUU está dedicado en cuerpo y alma a poner a sus servidores incondicionales en los puestos clave. Al mismo tiempo, no conformes con el plan presentado a la ONU por Bush y Blair que perpetúa su presencia militar, el Pentágono encara implantar 14 bases militares en Irak.

 

La CIA al gobierno

Como primer ministro interino que asumiría el 30 de junio fue designado (por Paul Bremer, se entiende) Iyad Allawi, actual integrante de la llamada autoridad provisional. Se trata de un connotado agente de la CIA. El presidente de la Comisión de Relaciones exteriores del Senado, Richard Lugar, hizo en la cadena Fox el elogio de Allawi, faltaba más, pero se preguntó si su pertenencia a la CIA no generaría problemas «ya que podría considerarse demasiado cercano a EEUU».

El otro cargo clave es la presidencia. Bastó que los iraquíes integrantes del actual órgano interino sugirieran un nombre (el de Ghazi al-Yahuar) para que Bremer lo vetara y pusiera por delante a Adnan Pachachi, miembro sunita del gobierno provisional y antiguo canciller. Pero su mérito principal radica en que es partidario de mantener las tropas de ocupación. Extraño concepto para un aspirante a la presidencia de un país. Pachachi le dijo a la revista alemana Der Spiegel que «un rápido retiro de las tropas norteamericanas no haría otra cosa que agravar los problemas, ya que los estadounidenses ofrecen cierta protección». En esas manos está el pandero.

En estas maniobras de trastienda no existe la mínima consulta al pueblo iraquí. Y éste es bien consciente de lo que se está tramando a sus espaldas. Reportajes en las calles de Bagdad, incluso por canales estadounidenses, revelan que lo único que desean los habitantes es el retiro de las tropas extranjeras y una plena participación en la designación de un gobierno propio, sin interferencias extranjeras. También en EEUU se amplía el círculo de los opositores a la guerra y a la ocupación militar de Irak. El general Anthony Zinni, ex comandante en jefe de las fuerzas USA en el Golfo, y a quien veíamos actuar el año pasado como enviado especial de Bush al Oriente Medio, publicó un voluminoso texto (que se suma a varios otros) en que acusa al gobierno de Bush de negligencia, irresponsabilidad, incluso mentira e incompetencia por haber lanzado la invasión a Irak.

 

Bases militares yankis

El plan de Bush y Blair suscita legítimas reticencias entre varios integrantes del Consejo de Seguridad, principalmente porque no establece ningún límite temporal a la presencia de las tropas de la «coalición». Más aún, al lanzar el plan Bush explicitó ante un organismo militar que las tropas permanecerán «todo el tiempo necesario», y en primera instancia hasta después de 2005. EEUU y Gran Bretaña desean la participación de tropas de más países (siempre en el entendido de que el mando estará en manos yankis), pero la coalición se disgrega con la partida de efectivos de España, Honduras y la Dominicana. Gran Bretaña enfrentó una firme oposición antes de decidir el envío de otro contingente.

Es en estas condiciones que se señala desde Washington la intención del Pentágono de erigir 14 bases militares en Irak, para afirmar sus objetivos geopolíticos en todo el Oriente Medio y posesionarse íntegramente de su riqueza petrolera. Mientras tanto, sigue la beligerancia de las tropas de ocupación contra la población y los destacamentos armados de la resistencia.

 

Prontuario de Negroponte

En congruencia con estos planes se sitúa el envío como embajador de EEUU en Irak de John Negroponte, típico representante de la comunidad de inteligencia y asesor de Henry Kissinger en Saigón durante la guerra de Vietnam («mi especialista en Vietnam» lo llama en sus Memorias). Fue el impulsor, bajo el gobierno de Reagan, del movimiento de los contras nicaragüenses contra la revolución sandinista, operando desde Honduras donde revistó como embajador y que convirtió, según un biógrafo «en el portaaviones de Estados Unidos en Centroamérica» (USS Honduras, our terrestrial aircraft carrier). También metió la mano en la guerra civil en El Salvador. Como representante en la ONU después del 11 de setiembre 2001, le cupo el papel de justificar las invasiones norteamericanas en Afganistán y en Irak y el golpe de Estado en Haití. *

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