Pachachi contra Al Yauar: experiencia versus juventud
El primero es el candidato del administrador estadounidense Paul Bremer y del emisario de la ONU Lajdar Brahimi con quien recorrió los corredores de la sede internacional de Manhattan.
El segundo tiene la preferencia del Consejo de gobierno iraquí.
«Pachahi inspira el respeto, pero el segundo representa el futuro», afirma así un representante kurdo en el Consejo, Mahmud Osmán. Ambos son sunitas, pues según un pacto no escrito entre las comunidades y etnias iraquíes, la presidencia corresponderá a esta confesión, mientras el Primer ministro será chiíta.
Políglota y melómano, canoso, de aspecto distinguido, de carácter consensual, de un largo pasado de opositor al partido Baas, Adnan Pachachi representa la ilustración perfecta del iraquí occidentalizado.
De rostro redondo, siempre sonriente, su adversario representa la imagen tradicional del notable árabe. Siempre vestido de una larga yelaba blanca y de un keffié con dos anillos negros, se presenta como un unificador entre la cultural oriental y occidental, en particular estadounidense, si bien reconoce que le gusta la buena comida francesa.
Laico, Pachachi es un verdadero bagdadí y fue alto funcionario, como su padre, su tío y su suegro, que fueron primeros ministros durante la monarquía. El representó a su país ante las Naciones Unidas antes de ser ministro de Relaciones exteriores de Irak entre 1966 y 1967.
Titular de un doctorado de Ciencias políticas de la universidad de Georgetown en Washington, este hombre, considerado como un allegado al Departamento de Estado, se reincorporó cuando los planes de guerra contra Irak comenzaron a precisarse. En diciembre de 2002 fundó en Londres, el movimiento de los «Iraquíes independientes por la democracia».
«Según nosotros, la vida política no debe estaba fundada en consideraciones étnicas, religiosas o sectarias», había explicado entonces.
Al Yauar viene de Mosul, en el norte de Irak. Es el sobrino del jeque Mohsen al Yauar, jefe de la tribu de las Chammar, que cuenta tres millones de miembros sunitas y chiítas, desde los confines de Siria, al norte, hasta Arabia Saudí, al sur, pasando por Irak y Kuwait.
Después de estudios de ingeniero en la universidad George Washington en la capital federal estadounidense, se instaló el Arabia donde creo una próspera empresa de telecomunicaciones.
Perfectamente anglófono, deseoso de sacar «lo mejor que tiene» cada cultura, el jeque es un decidido partidario de la integridad de Irak, incluso si es favorable a una amplia autonomía para los kurdos.
Más que laico, se presenta como tolerante. «Mi familia ha tenido siempre excelentes relaciones con los kurdos y, cuando era joven, mi madre me llevaba a visitar lo mismo los santuarios chiítas de Nayaf y Kerbala que las mezquitas sunitas de Bagdad y la iglesia de la Virgen María», explica.
Ambos vivieron durante largo tiempo en el exilio. Pachachi pasó 33 años de su vida entre Londres y los Emiratos, y sólo volvió después que Saddam Hussein fue derrocado. Yauar permaneció 15 años en el extranjero y volvió al país en 2003. *
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