Ex presos de la dictadura argentina relatan su padecimiento

Sobrevivientes italianos

José Luis Cavaglieri, Marco Bechis –director del multipremiado filme «Garage Olimpo», que describe aspectos de la vida en ese centro ilegal de represión– y Piero di Monte, entre otros ex secuestrados, testimoniaron esta mañana en el proceso por la desaparición de ocho italianos en la Argentina.

También declaró ante la Corte D’Assise, que está sesionando en Rebibbia (cerca de Roma), Marta Francese de Bettini, cuya familia fue perseguida con un ensañamiento que ni siquiera ahora logra explicarse.

Esos testimonios, sumados a los de Norma Berti y Teresa Meschietti, sumaron dramaticidad al juicio y agregaron dantescos detalles sobre las torturas practicadas por los «grupos de tareas» (de represión ilegal) de la época.

«Me ataron las manos y los pies a una cama metálica y me aplicaron tres tipos de torturas con electricidad: una en los testículos, el pene y los pies, otra en el abdomen y el pecho, y otra en la cabeza, en los ojos, los labios y la nariz», explicó entre lágrimas Cavaglieri, que al ser secuestrado en 1977 tenía 20 años.

El cuerpo se elevaba al recibir las descargas y volvía a caer sobre el lecho de tortura y «la cuerda que tenía alrededor de un tobillo se rompió y me lastimó tanto que hasta ahora llevo las marcas», narró.

«Yo hablé, dije cosas», agregó en perfecto italiano y con voz casi inaudible pero luego se repuso y afirmó: «Sin embargo, no me siento derrotado, por eso estoy acá».

Su tiempo de horror transcurrió en «La Cacha», «un campo que dependía de Suárez Mason», dijo el testigo que conmovió con sus descarnadas descripciones y su sinceridad a los jurados y a muchos de los asistentes a la audiencia.

«El nombre de La Cacha lo habían tomado de un dibujo animado, ‘La bruja Cachavacha’, que con su varita mágica hacía desaparecer personas», agregó.

Un abuelo siciliano posibilitó tramitar su ciudadanía italiana y, tras permanecer en una cárcel legal sin causa ni proceso, fue embarcado en un avión rumbo a Roma, adonde llegó en la primavera de 1980.

El pasaporte italiano y las amistades de su padre también ayudaron a Marco Bechis, quien estuvo secuestrado en el llamado «Club Atlético» de la capital argentina.

El cineasta tenía también 20 años en abril de 1977, cuando fue secuestrado en Buenos Aires al salir del profesorado en que cursaba estudios superiores.

Según declaró, su padre Riccardo supo por Suárez Mason que en un corto plazo iba a recibir noticias de él, si estaba «vivo o muerto».

«Yo era docente en la escuela italiana Cristóforo Colombo de Buenos Aires y llevaba mi pasaporte en el bolsillo, que me fue devuelto en el aeropuerto internacional en julio de ese mismo año, cuando tras pasar por cinco diferentes lugares de detención, algunos ilegales y otros legales, me embarcaron hacia Roma», explicó Bechis.

«Mi película termina con los acordes de la canción que se canta en las escuelas argentinas al izar la bandera… Hoy es el Día de la Bandera en ese país, por eso llevo esta cinta en el ojal», comentó después de declarar en Rebibbia el director de cine mostrando una cintita celeste y blanca.

«Es un modo de darle un significado diferente a los símbolos», destacó en referencia a su testimonio y la búsqueda de verdad y justicia, y recordó que mientras filmaba «Garage Olimpo» en Buenos Aires, en 1998, vio en un bar a «el turco Julián», su secuestrador, quien al amparo de la impunidad, sonrió al saberse reconocido por una de sus muchas víctimas.

Marta Bettini, por su parte, relató el homicidio de su hijo Marcelo (21 años, estudiante de agronomía), el secuestro de su esposo Antonio (60 años, fiscal federal y docente universitario, «de derecha» como ella lo define), de su yerno el oficial de la marina de guerra Jorge Devoto (29 años) «que entró al Edificio Libertad de los militares para preguntar por el secuestro de chofer de la familia y nunca más salió» y de su madre, María Mercedes H. de Bettini, asesinada en 1977.

«Memé había nacido en 1900″, aclara la hija de Marta, viuda del teniente Devoto, quien –según declaraciones del capitán Adolfo Scilingo, un «arrepentido» acusado en España por el juez Baltasar Garzón por el genocidio cometido en Argentina– fue arrojado vivo «y sin haber sido previamente drogado, un caso absolutamente único» a las aguas del Atlántico, en un «vuelo de la muerte» de la Armada.

La próxima audiencia se realizará el 5 de julio, antes de la pausa que imponen la feria del verano boreal. La vicepresidenta del Senado italiano, Ersilia Salvato, y la líder del Partido de los Verdes de este país, Grazia Francescato, siguieron la dramática audiencia de ayer del juicio de Roma contra siete militares argentinos por la desaparición de ocho italianos. Salvato, de los Democráticos de Izquierda (DS) del ex premier Massimo D’Alema, dijo ayer en la sede del Tribunal de Roma que, según le habían referido, «los militares de Argentina empiezan a tener miedo del proceso italiano».

«Esta es una buena señal. Significa que el camino es justo», enfatizó Francescato, además de ratificar su compromiso y el del partido ecologista «para que se haga justicia¨.

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