La Alianza cierra filas
De esa manera el oficialismo aventa el peligro de un nuevo traspié político si no consiguiera quórum propio para evitar que avance el curso de acción del peronismo abroquelado en la Cámara alta.
Los diputados disidentes, algo más de una docena, han subrayado no obstante que seguirán demandando otro rumbo económico que busque recursos en los sectores privilegiados, o imponiendo a las grandes empresas privatizadas bajo Carlos Menem, los aportes a las cajas de jubilaciones con que la anterior administración los benefició y que daría al erario fondos suficientes para mantener el déficit del presupuesto dentro de los límites legales.
Un reclamo similar hará estos días la CGT (rebelde), que acaba de realizar un «retiro espiritual» para elaborar un programa alternativo que podría resumirse así: «No al ajuste, si al shock productivo».
Este programa tiene puntos de contacto con el que sostiene la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que promueve la realización de un referéndum para imponer subsidios para los desocupados y recursos para el impulso del mercado interno.
De hecho son, en los tres casos, filosofías que chocan con la que implementa el equipo económico pero que serán desenvueltas cuando el gobierno nacional convoque al diálogo con los sectores políticos, sociales y empresariales para intentar reducir la tensión social cuyo nivel trepó con fuerza cuando se cumplió la huelga general del 9 pasado.
Muchos frentes
En cierto modo, el gobierno no parece saber qué busca realmente, o teme enredarse en situaciones complicadas. Por lo pronto, ya advirtió que la política económica es su facultad y que es la en curso la idónea para sacar al país de la herencia que dejó el menemismo: que ese es el mandato recibido por la Alianza el 24 de octubre del año pasado.
Además, la Pastoral Social de la Iglesia católica concluyó en Mar del Plata varios días de debate donde la impronta la puso su titular, el cardenal Francisco Primatesta, afín a la prédica de la CGT (rebelde). Aunque la mayoría de los obispos prefiere no comprometerse en forma sesgada, la presión del sector de Primatesta, un conservador ideológico pero sensible en lo social, añade otro frente de preocupación para el oficialismo.
No todos los movimientos explicados, incluido el voto en el Senado Nacional, tienen un titiritero detrás, salvo la complicada situación económico-social, los analistas observan que la tónica efectiva la dan los senadores justicialistas.
Estos se han pintado la cara contra el titular nato del Senado, el vicepresidente de la Nación, Carlos «Chacho» Alvarez, a quien quieren retirarle facultades en el manejo del cuerpo, aislarlo y, si pudiera, un sector al menos, gozaría con su salida de la coalición gubernamental.
Con quórum propio y cerca siempre de los dos tercios con el apoyo de senadores de provincias disgustados con el gobierno, a quien le prometieron respaldo, porque no les resuelve situaciones, muchas veces ligadas a sus patrimonios personales, el peronismo de la Cámara alta se ha convertido en un grano para la Alianza.
Si este sector quiere avanzar tanto como para precipitar una crisis política lindante con la institucional, es motivo de impresiones diferentes. Lo real es que para emprender el proclamado diálogo, De la Rúa sabe que debe encontrar la manera de impedir que todos estos sectores se unifiquen.
Y aunque sin fuerza como en el pasado, allí está un Menem furioso porque la Justicia comenzó a enviar detrás de las rejas a uno de los suyos, que podrían no ser el último, acusado de corrupción y amenaza.
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