Los primeros y veloces cien días del gobierno de Ricardo Lagos
«Desde todos los sectores le reconocen al gobierno una gran intensidad de movimientos y proyección de ideas, pero las dudas afloran a la hora de evaluar el producto concreto de tanto ajetreo», escribió el domingo el diario El Mercurio.
La administración de Lagos –tercer gobierno de la Concertación Democrática que encabezan el socialismo y la democracia cristiana– se empeñó desde el comienzo en acercar posiciones con las Fuerzas Armadas, sentar en una misma mesa a empresarios y trabajadores y, durante la última semana, abordar de inmediato la ayuda a los 60.000 damnificados que dejaron las inundaciones de los temporales invernales.
El dirigente de la derecha opositora Cristián Larroulet, director del Instituto Libertad y Desarrollo, admitió que este es «un gobierno más ágil, activo, sintonizado con los problemas reales de la gente», aunque sostuvo que todavía faltan «soluciones concretas».
Lagos asumió el pasado 11 de marzo, como el segundo mandatario socialista en la historia de Chile, tras la muerte del presidente Salvador Allende durante el cruento golpe del general Augusto Pinochet, el 11 de setiembre de 1973, que lo instaló como dictador por 17 años.
Pinochet, que regresó a Chile una semana antes del cambio de gobierno después de 503 días de arresto en Londres, enfrenta ahora un juicio de desafuero en la Corte Suprema, que puede privarlo de su inmunidad como senador vitalicio y enfrentarlo a más de un centenar de querellas.
El Caso Pinochet altera «el brío, el entusiasmo, el vigor que requiere Chile y la actividad económica», advirtió el empresario Felipe Lamarca, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), que agrupa a los grandes industriales.
Pero Lagos reiteró en estos cien días que la suerte del general, de 84 años, está en manos de los tribunales y logró, el martes pasado, el «histórico acuerdo» de la Mesa de Diálogo entre los militares y las organizaciones humanitarias, para aclarar lo que ocurrió con más de un millar de desaparecidos bajo el régimen de Pinochet.
«Me gusta el estilo Lagos. Lo encuentro proactivo, en terreno, casi con un don de ubicuidad, ya que está en varias partes de Chile en el mismo día», señaló el empresario Pedro Lizana, ex presidente de la Sofofa, entre cuyos integrantes predominan las corrientes contrarias al socialismo.
El diario Las Ultimas Noticias, en un artículo editorial, destacó el domingo la figura del presidente «soslayando con pericia el caso Pinochet», «trepándose a un helicóptero para observar los efectos de las inundaciones, resucitando la Mesa de Diálogo que parecía desfalleciente, conversando paternalmente con menores o damnificados».
«Casi no queda verbo de acción que no haya sido utilizado en la incesante actividad de Su Excelencia», agregó el rotativo, que mantuvo una postura crítica frente al anterior gobierno de la Concertación, del ex presidente Eduardo Frei (1994-2000).
El Partido Comunista, en cambio, consideró «una traición» el diálogo con los militares y el acuerdo que les permitirá entregar al Poder Judicial la información que poseen sobre los desaparecidos, manteniendo bajo reserva la identidad de los informantes.
«Ante esta situación, alertamos al país y al mundo democrático de que en Chile el Estado y sus poderes han caído en el grave delito de denegación de justicia», declaró Gladys Marín, secretaria general de ese partido que hace 30 años fue el principal aliado de los socialistas en el depuesto gobierno de Allende.
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