"La democracia está secuestrada"
«Hemos pasado de un estado de bienestar a un neoliberalismo salvaje», afirmó ayer Saramago (nacido en Azinhaga, Portugal, en 1922) en la presentación en Madrid de su última novela en español, tras su publicación en portugués hace un mes.
«El poder que domina el mundo no es democrático. Se convierte en un espejismo, en una burbuja democrática que funciona perfectamente. Pero hay un proceso de engaño y mentiras», destacó, e hizo un llamado para que la democracia «no sea sólo política, sino también económica».
«Una democracia que no es capaz de resistir la presión del poder económico es una democracia sin fuerzas, no tiene capacidad de resistencia. El gobierno se ha convertido en comisario político del poder económico», afirmó el autor de «La caverna».
A los pocos días de concluir «Ensayo sobre la lucidez», el escritor había dicho el domingo al diario El País que «después de este libro, yo ya me puedo morir».
En cuanto a las críticas recibidas en Portugal, según las cuales el escritor se propone «demoler la democracia», Saramago dijo que hubo «reacciones de pánico por lo que parecía estable. Pero yo no promociono el voto en blanco. El problema que yo planteo está por encima de los partidos».
«Ensayo sobre la lucidez», vinculada en muchos aspectos a «Ensayo sobre la ceguera», toma como punto de partida unas elecciones municipales que se realizan en una ciudad sin nombre, donde el 83 por ciento de sus habitantes decide, en forma individual, votar en blanco».
«Los partidos políticos prefieren la abstención al voto en blanco. Si hay un 30 por ciento de abstención, nadie se preocupa. Pero si hay un 10 por ciento de voto en blanco, la cosa cambia», dijo Saramago, y recordó que en las últimas elecciones generales españolas, el 14 de marzo, hubo cerca de 400.000 votos en blanco.
Pero su novela «no es sobre el voto en blanco, que sería como decir afirmó el narrador que ‘Romeo y Julieta’ es sobre el veneno que Romeo se toma».
«No creo que el voto en blanco sea la panacea, pero uno de los derechos es manifestarse y no tiene que ser siempre en la calle con pancartas».
Para demostrar que «no es suficiente que se diga que estamos en una democracia, cuando en realidad no cumple con sus obligaciones», el escritor citó datos de Portugal, donde de los 10 millones de habitantes que tiene el país, 200.000 pasan hambre, 2 millones son pobres y medio millón está desocupado.
«El drama es que vivimos en una burbuja democrática, donde todo funciona libertad de prensa, de partidos, etc. pero no cumple con sus funciones básicas».
«Sería lógico que el poder político dijera al poder económico que hay que corregir los objetivos, porque si ningún gobierno se propone la precariedad laboral, ¿por qué hemos llegado a esta situación?», se preguntó Saramago, al tiempo que resaltó que «el poder económico condiciona la vida de una manera total».
El autor de «Todos los nombres» rechazó que se siga diciendo que la democracia es el «sistema menos malo. No lo podemos aceptar. Es una fórmula paralizadora».
El funcionamiento de la Unión Europea y la Comisión Europea «no parece que sea lo más democrático y con la integración de los diez nuevos miembros se multiplicarán los problemas porque cada socio mirará por sus propios intereses económicos».
En referencia a Perú, Saramago expresó que «el pueblo dijo a (el ex presidente Alberto) Fujimori que estaba harto y ahora con Toledo tiene otros motivos para decir que está harto, porque una vez más la democracia no ha cumplido con sus obligaciones. Cambiar de gobierno no significa cambiar de poder».
Si Saramago eligió la ficción, y no el ensayo, para exponer sus ideas sobre la democracia, es porque entiende que la novela es «como el mar, donde todo puede confluir: el ensayo, el drama, la filosofía, la ciencia. La novela ha dejado de ser un género literario para convertirse en un espacio literario», concluyó. *
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