Los roces entre Kirchner y Duhalde
La derecha supone que a Néstor Kirchner le pueden imponer un nuevo rumbo, sobre todo porque objetivamente ha debido correr tras demandas de seguridad ciudadana que impuso Juan Carlos Blumberg, el padre de Axel, el joven asesinado por sus secuestradores que se transformó en un símbolo.
La voz conservadora y ultramontana, pero también personas de pensamiento y actitud progresista probada, se eleva con críticas, dureza y hasta desenfado, que, sobre todo en el primer espacio, no se atrevían hace poco a hacer sentir por todos lados.
¿Está, políticamente, más débil el Presidente? Veamos: el hecho de que haya debido anticipar un plan integral sobre seguridad, con aspectos discutibles, es producto del fenómeno que encarna el señor Blumberg, aunque el ministro de Justicia, Gustavo Béliz, había avanzado en su formulación pero, dicen en su entorno, Kirchner venía postergando.
Ya es evidente que el Presidente y el hombre que lo llevó a su actual empleo, Eduardo Duhalde, mantienen diferencias que no pueden ocultarse. No son de ahora, pero los dos privilegiaron guardarlas en el desván, pensando que el tiempo lo cura todo, pero ocurre lo contrario.
Va de suyo, que por la influencia de Duhalde dentro del peronismo, pero sobre todo en la Cámara baja, pueden algunos pensar que la gobernabilidad puede comenzar a peligrar.
Los dos hombres difieren sobre todo en la manera de hacer política. Pero no es solamente eso. Duhalde, al mejor estilo tradicional, piensa que el pasado no debe removerse, que hay que dar por finalizada la búsqueda de responsables por los crímenes de la dictadura (y por eso se fastidió con el mitin que Kirchner encabezó el 24 de marzo en la Escuela Mecánica de la Armada) y en la misma onda de reflexión, con los procesos que avanzan sobre Carlos Menem, al que le envió una solidaridad que tiene todos los signos de advertencia de que se le ponga coto.
No sea que la revisión política de la represión vaya más allá del golpe de Estado de 1976 y se desmenuce la responsabilidad de Juan Perón y no solamente de su mujer en el aupamiento de José López Rega y el «ejército paralelo» que armó para reprimir desde guerrilleros a disconformes.
Duhalde y su futuro
Duhalde puede estar mirando la suerte de Menem en los tribunales como su propio espejo. Hay denuncias que están en cajones de varios juzgados, así como ahora comienzan a presentarse cargos contra el propio Kirchner para saber la suerte de divisas que envió al exterior para salvarlas del corralito en 2001: ni él ni el actual gobernador de Santa Cruz, Eduardo Acevedo, han dado cuenta.
Estas acusaciones, aunque no son novedosas, suenan a cursos de acción sicológica encuadradas en el uso que la derecha pretende hacer del supuesto debilitamiento presidencial, como de esta interna, si no feroz, clave entre los dos personajes significativos del peronismo.
Es probable que haya algo de engrosamiento de la disputa. Un análisis frío recomienda tener en cuenta que Kirchner y Duhalde se requieren, al menos por un tiempo, mutuamente, y muchas cosas que se dicen, aunque sean sentidas por quienes la propalan (por caso, Kirchner fustigó la brutal devaluación conque Duhalde sacó al país de la convertibilidad y benefició, por licuación de pasivos, a los grandes capitales y agravó la suerte de los más pobres) todo indica que se marcha a alguna nueva manera de convivir.
El ex gobernador no sólo criticó, también hace gestos de amistad. Por ejemplo, le restó protección a un senador bonaerense, que era de su riñón, pero está sindicado como quien era el nexo entre políticos de esa provincia con la policía, tan comprometida en corrupción y en secuestros.
¿Podrá ir más allá? ¿Quiere? Es que se piensa que intendentes del Gran Buenos Aires, que son coroneles de su ejército político, son con la policía bonaerense, jueces y otros sectores, parte del problema que moviliza multitudes y puede desgastar al propio Kirchner. El nuevo ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanián, piensa eso de los alcaldes.
El resto del peronismo, sobre todo los gobernadores, donde hay de todos los gustos ideológicos, campanean el entrevero, para ver cómo se ubican. Kirchner, a la mayoría de ellos los detesta, pero si no con Duhalde, ¿con quién hará alianzas de gobernabilidad, ahora que la derecha histórica cree que son momentos de chucearlo?
Una coalición para la gobernabilidad
El Presidente quiere una convergencia entre el justicialismo con el progresismo y la centro-izquierda, pero no tiene en el peronismo consenso para esa movida que sirva de construcción de la gobernabilidad (que el Parlamento no bloquee las leyes). Por eso, en un nuevo plano, un acuerdo con Duhalde se torna imprescindible.
En tanto, Kirchner se mueve entre una gestión que tiene adeptos y una opinión pública que mayoritariamente sigue dándole respaldo. Sus hombres confían en los números económicos que son fuertes, en materia de comercio exterior, incremento del PBI (Latinoamérica crecería este año un 3,8%, pero Argentina lo haría hasta cerca del 8%) e inclusive hay una mejora del empleo real, pero con salarios miserables, Nadie puede sostener que se haya revertido con fuerza la marginalidad y la pobreza.
Aunque el FMI siempre ha dicho que iría por más, la nueva ofensiva para que el gobierno dedique dinero adicional para pagarle a los acreedores externos, es producto no sólo de los buenos números de la macroeconomía sino de la lectura sobre la supuesta debilidad del Presidente.
Hoy esa mirada parece distorsionada. ¿Pero qué sucede si como sostienen no pocos analistas económicos, hubiera una crisis energética que podría cortar tanto el proceso productivo en ascenso como las luces de las viviendas? En ese caso, ¿no se incrementaría la irritabilidad de las masas?
Kirchner insiste en que la crisis es culpa de las multinacionales que controlan petróleo, gas, luz y otros servicios, que ganaron mucho en tiempos de Menem y que no previeron inversiones. Por lo pronto, ya hay veda para los clientes externos de gas, como Chile, y aunque el Presidente entienda que las leyes no le permiten dejar que se lo envíe a costa de recortes internos y que son las empresas las responsables, lo real es que se generó un delicado problema diplomático. Y para la Convergencia, un asunto político, que puede desbrozar el triunfo electoral de las derechas.
Hay consenso que las diferencias han sido mal manejadas, pero el Presidente no termina por definir que política de recomposición de las relaciones pondrá en marcha y ello hace que se postergue el viaje a Santiago del canciller Rafael Bielsa.
Kirchner y sus fijaciones
Como Kirchner tiene un estilo de toma de decisiones muy cerrado, es decir, donde acuden como sus reales consejeros, no los ministros, sino sus allegados, el llamado «núcleo duro», muchos asuntos se acumulan en balde.
Sus relaciones con la prensa no son las mejores. Ni él ni sus ministros son abiertos, salvo para algunos periodistas elegidos, que de todas maneras no son su correa de transmisión y a veces se enoja con ellos.
Pero todavía no se puede señalarlo como que pone trabas a la libertad de expresión aunque se sepa que se irrita con más de un editorial.
Es, de todos modos, un frente en que debería preverse cierto desgaste, más allá de que algunos medios vayan virando hacia posiciones más críticas, no sólo por convicciones sino porque suponen olfatear momentos de declive.
Ya se señaló que el gobierno debió apurar, por el aliento en la nuca que hizo sentir el señor Blumberg, un megaplan sobre seguridad. No es cierto que en la materia no hay derecha ni izquierda, como se sostiene. Incluso cuando se
habla de equilibrio fiscal, hay color de política: depende cómo se recauda, dónde se invierte, en qué se gasta.
El megaplan atisba a orientarse en una dirección correcta, pero con muchos meandros que sólo el debate acabará por darle el color final. Por lo pronto, por escasamente consultado, no puede ser definido como una política de Estado y ya ha provocado criticas dentro y fuera del peronismo.
El proyecto incluye una vieja reivindicación democrática como el juicio por jurados o ir al fondo de la cuestión fijando normas sobre financiamiento de la política y otras medidas que la reforme. Pero, ¿puede el Presidente defender esa idea si aún no le ha exhibido a los ciudadanos quién le pagó la campaña electoral que lo llevó a la Rosada?
Copar a Blumberg
El surgimiento del fenómeno Blumberg ante todo exhibe el alto grado de irritabilidad de las capas medias urbanas, sobre todo frente a la inseguridad. La derecha intentó atraerse al sufrido padre, y en cierto modo lo consiguió en los primeros momentos, al punto tal que medidas más duras incorporadas al código penal o en el propio plan global de seguridad reconocen esa prosapia.
Blumberg se despegó de esas companías e incluso avanzó en su discurso a atacar al neoliberalismo (él, un empresario textil, fue víctima) como una de las causales de la violencia. ¿Sirven o no sus convocatorias a la mayor democratización del país?
En el gobierno se manejan con pinzas porque hay confusión. La calle, dominio casi exclusivo de los piqueteros y de protestas sociales diversas desde la explosión de diciembre de 2001, hoy está siendo ocupada por las capas medias que miran con fastidio a los desocupados organizados y no les gustó que hicieran acto de presencia en el mitin frente a los Tribunales para pedir justicia.
Hay un forcejeo por quién influye sobre esas multitudes, donde predominan personas mayores de edad con prejuicios ancestrales contra los políticos. La izquierda hace su esfuerzo por influir pero el viejo criterio de «bajar línea» le sirve a la derecha que intenta seducir al padre con sus concepciones.
No está todo dicho sobre este acontecimiento. Pero no pocos analistas creen que una vez hechas las manifestaciones frente al Poder Legislativo, y el jueves ante el Poder Judicial, el próximo paso será el Poder Ejecutivo.
La calle es nuevamente espacio de democracia y disputa. En tiempos no lejanos era dominada por el peronismo; desde la hecatombe de 2001, los piqueteros la hicieron suya.
Hoy no pueden decir lo mismo, y el relevo puede ser pato o gallareta.
Depende de cómo actúen sus actores clave. Atención. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad