El regreso de los "malos" de Saddam
El ostracismo para los baazistas y de los generales de Saddam fueron una de las decisiones anunciadas con más énfasis por el procónsul estadounidense en Irak, Paul Bremer, en mayo de 2003, luego de la caída del gobierno de Hussein.
Con el correr de los meses los hechos revelaron que esta fue una de las decisiones más equivocadas porque se excluía de la nueva etapa llamada reconstrucción a la minoría sunnita.
Esta proscripción para los ex miembros del Baaz (cerca de un millón y medio de iraquíes) excluyó del Irak post Saddam a los sectores culturalmente más preparados del país: miles de médicos, docentes y técnicos especializados de todas las áreas.
Un funcionario estadounidense contó que «muchos iraquíes estaban afiliados al partido porque de otro modo no podían trabajar en tiempos de Saddam, pero no eran parte del régimen».
También la idea de disolver el ejército iraquí y de prohibir a ex altos oficiales de formar parte del nuevo se reveló llena de inconvenientes.
La dificultad hallada por Estados Unidos para remodelar el nuevo ejército llevó a Bremer a «moderar» la rigidez de las reglas para incorporar a ex saddamistas siempre y cuando no estén involucrados en delitos.
Como dijo el enviado de la ONU a Irak, Lajdar Brahimi, con la cercanía al 30 de junio fecha de traspaso de poder a los iraquíes es cada vez más evidente incrementar la participación de la minoría sunnita.
Según una fuente estadounidense, «los sunnitas deben sentirse parte de la democratización sin por esto causar alarma entre los kurdos y los chiítas».
Kurdos y chiítas fueron las comunidades más rezagadas por el gobierno de Saddam Hussein, dominado por la minoría sunnita del centro del país.
Los primeros tres ex generales «rehabilitados» para el nuevo ejército iraquí son un sunnita, un chiíta y un kurdo.
Mientras los «malos» son rehabilitados (salvo que tengan un esqueleto en el armario), los «buenos» se retiran de Irak, cada vez más violento.
Algunas empresas occidentales que habían obtenido licitaciones en Irak como General Electric y Siemens suspendieron sus actividades en el país a causa del peligro de la violencia cotidiana para sus empleados.
Siemens, entre otros, suspendió los trabajos de modernización de las centrales eléctricas que se preveía debía estar estar terminado el 15 de mayo.
Otros importantes empresas ligadas a la reconstrucción como Bechtel y Halliburton hicieron saber que restringieron los traslados internos de sus empleados. Siete empleados de Halliburton donde hasta 2000 fue gerente general el vicepresidente Dick Cheney cayeron en una emboscada en Falluja. Sólo uno de ellos sobrevivió y actualmente está en manos de secuestradores iraquíes.
La rebelión de los chiítas del clérigo radical Moqtada Sadr contra la ocupación se trasladó ayer con nuevas protestas a Bassora, segunda ciudad de Irak administrada por Gran Bretaña, escenario el miércoles de una serie de atentados en el que murieron 73 personas, entre ellos 17 niños.
En tanto, en Bagdad la resistencia mató a un sudafricano que era custodio privado de funcionarios del régimen de ocupación estadounidense, mientras dos suizos y un árabe-israelí que estaban secuestrados fueron liberados por sus captores.
Tal como ocurrió hace una semana en ciudades como Najaf, Kerbala o los suburbios chiítas de Bagdad, los militantes de Sadr se manifestaron en Bassora, extremo sur iraquí, en «protesta por la incapacidad» de los británicos para proteger esa ciudad.
Gran Bretaña, desde que se hizo cargo del control de la ciudad hace un año, mantiene intervenida la sede de los chiítas radicales de Moqtada Sadr en Bassora.
La manifestación se realizó frente a la sede del partido de Sadr, en la que miles de personas pidieron la retirada de las fuerzas de ocupación británicas de Bassora y les gritaron «incapaces», por no haber podido impedir los atentados simultáneos.
Según las autoridades iraquíes locales, Al Qaeda está detrás del triple atentado con coche bomba contra sedes policiales en Bassora y de otro perpetrado en la vecina Zubeir contra una academia de policía. En total, los muertos fueron 73 iraquíes mientras fueron heridos cuatro soldados británicos. *
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