Entramado sudamericano por la energía

Bolivia renovará suministro de gas a Argentina durante seis meses

Con el acuerdo se intenta mitigar la potencial crisis de abastecimiento generada por la falta de inversiones en ese rubro, donde el gobierno acusa al sector privado que domina el mercado y éste se queja por el desfasaje de las tarifas como consecuencia de la devaluación de 2002.

El asunto energético no es sólo de incidencia local; ha puesto en vilo las relaciones con los países vecinos y estuvo en la agenda de una entrevista del martes entre el ministro de Economía, Roberto Lavgana y el subsecretario del Tesoro de los EEUU, Robert Taylor, que llegó para monitorear la marcha del cumplimiento del acuerdo con el FMI y, sobre todo, el estado de las discusiones entre el Gobierno con tenedores extranjeros de bonos de la deuda en default.

El FMI también puso su ojo en la situación energética. Es que se piensa que puede amortiguar el crecimiento de la economía si baja la oferta de gas, electricidad o combustibles y la deuda se puede pagar si hay mayor PBI.

Antes, Argentina suscribió un convenio con Venezuela para recibir fuel oil y Brasil envió transitoriamente energía eléctrica.

La crisis energética y la seguridad son los dos asuntos por los que Kirchner trata de evitar ser desbordado.

Después de 32 años de iniciado el envío de gas a la Argentina, en mayo se incrementará el volumen. Bolivia exportó 1,87 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas natural a la Argentina desde el 1 de mayo de 1972 al 31 de agosto de 1999.

Pero para Mesa la firma del convenio le genera problemas. El líder del Movimiento al Socialismo, Evo Morales Aima, le pidió que no viaje a la Argentina y le reclamó que se aboque a trabajar en la ley de hidrocarburos o «se atenga a las consecuencias».

 

Oposición de la oposición

El principal dirigente opositor también había advertido que venderle gas a la Argentina era «lo mismo que hacerlo a Chile», país con el que Bolivia mantiene una disputa por la salida al Pacífico, la que le fue arrebatada a fines del siglo XIX. El MAS planteó no exportar gas en tanto no se modifique la actual Ley de Hidrocarburos, sin embargo, el Gobierno de Mesa Gisbert dijo que esta venta es temporal y se realiza en un acto de solidaridad con Argentina, que sufre una crisis energética. «El negocio será para las transnacionales, no para el Estado», acusa Morales. El contrato de suministro de gas lo implementan las empresas Petrobras y Andina, que serán las vendedoras, y Repsol-YPF, que será la compradora en el vecino país, en tanto que YPFB (YPF Bolivia, un sello residual de la antigua estatal privatizada) participará como «agregador» a pedido de la oposición.

El gobierno boliviano puso como condición expresa que el gas que se le compre no sea vendido a Chile bajo ninguna circunstancia. De lo que no cabe duda es que seguramente servirá para compensar lo que se le exporta a ese país, actualmente 3,3 millones de metros cúbicos diarios, los que eran 9 millones apenas unos pocos meses atrás. Uruguay también sufrió la crisis: se suspendieron envíos de energía eléctrica.

Chile importa el 90% del gas que consume desde la Argentina y el 37% de su generación eléctrica depende de ese combustible. Diputados chilenos que se reunieron el lunes en Buenos Aires con sus pares argentinos de la Comisión de Energía, así como con directivos de las empresas que extraen y exportan desde la Argentina, declararon a la prensa que la crisis energética que llevó a restricción de las exportaciones argentinas es «más que coyuntural» y obligaría a Chile a replantear su estrategia en materia de uso de recursos para generar electricidad.

 

La derecha chilena

Los empresarios del sector les dijeron también que un aumento de tarifas no resolverá la falta crónica de inversiones hasta dentro de, al menos, dos años.

La derecha chilena aprovechó el diferendo para poner en duda la sinceridad Argentina.

Una de sus voces, la revista «Que Pasa» escribe que «una serie de gestos poco cordiales ha caracterizado la gestión de Kirchner hacia Chile: suspendió unilateralmente ejercicios militares conjuntos, magnificó e hizo público un incidente de espionaje que pudo y debió haberse abordado con mayor sigilo diplomático, impulsó sin el conocimiento de nuestra Cancillería una fallida propuesta para dar una salida al mar a Bolivia, pasando por encima de la tesis chilena de la bilateralidad, e incumplió su palabra tras asegurar que el suministro gasífero no sería limitado. En cada una de estas oportunidades, el gobierno chileno confió en que recibiría un tratamiento distinto de una administración a la que considera amiga».

«Es evidente, sin embargo, que tales expectativas resultaron defraudadas por un socio que se ha vuelto cada vez más impredecible».

Y remata: » La diplomacia chilena no supo captar que los tiempos políticos habían cambiado y que la Argentina de 2004 es muy distinta a la Argentina de los ’90. Pese a esta evidencia, las relaciones con Buenos Aires se siguieron llevando como si nada hubiera ocurrido en el país vecino. Sin tomar debida nota de que la situación es muy distinta hoy, el gobierno chileno siguió creyendo confiadamente –ingenuamente, dirán otros– que Kirchner privilegiaba los vínculos con Chile de la misma manera en que lo había hecho Carlos Menem». Qué tal. *

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