El Papa criticó la ventaja personal, el éxito, la riqueza y el goce desenfrenado

Juan Pablo II: La sociedad actual desprecia a los creyentes

Durante la audiencia en la plaza San Pedro, el Papa recordó sin embargo que el creyente no está solo porque «el Señor es luz y salvación, es defensa de la vida, crea un horizonte de paz, que deja afuera el estruendo del mal».

En una jornada templada de primavera, unas 20.000 personas, entre turistas y peregrinos, llenaron la plaza que sigue blindada como lo fue durante los ritos de Pascua, ya que el nivel de seguridad permanece alto.

Por tal motivo también ayer se volvieron a repetir las largas filas en el ingreso de la plaza donde carabineros y policías controlaron los permisos para entrar en los sectores reservados. Las fuerzas de seguridad también usaron el detector de metales para controlar bolsos y carteras.

Juan Pablo II, que en mayo cumplirá 84 años, apareció en buen estado físico, a pesar de sus problemas de salud que lo han debilitado y le impiden articular correctamente las palabras.

Ayer, a diferencia de la semana pasada, leyó parte de la catequesis en italiano, con voz bastante clara, mientras el miércoles pasado había renunciado totalmente a leer el texto a pedido de los médicos que tratan de reducir sus compromisos y actividades.

Por el mismo motivo, como dijeron fuentes eclesiásticas romanas, el Papa renunció a visitar el próximo 23 de mayo la Sinagoga de Roma, que cumple 100 años y a cuya celebración fue invitado por el rabino Riccardo Di Segni.

Juan Pablo II llegó a la plaza a bordo del papamóvil descubierto, y dio una amplia vuelta para saludar a peregrinos y turistas, antes de subir al sagrado de la basílica para la audiencia.

En los saludos en lengua italiana el Papa alentó a los fieles a «continuar en el esfuerzo de adhesión a Cristo y a atestiguar con valentía el Evangelio en todos los ámbitos de la sociedad».

Como es habitual, también saludó en las diferentes lenguas, esta vez nueve, incluso en húngaro.

La catequesis se centró en la meditación de un salmo, que recuerda la «necesidad de la confianza en Dios, tanto en los momentos de gloria, como en momentos de peligro y miedo».

El que cree que vive con la coherencia del espíritu del Evangelio –destacó el Papa– está sometido a varias tensiones y contrariedades: «Por su comportamiento puede ser rechazado y perseguido, pero también es siempre una advertencia y un desafío contra quien actúa mal».

Para el Papa «el comportamiento de fe puede molestar a algunos, puede crear aislamiento, desprecio y hostilidad».

Y eso sucede especialmente en las sociedades donde cuenta «la ventaja personal, el éxito social, la riqueza y el goce desenfrenado».

Según Wojtyla, el «creyente debería recordar que perseverando en la fe no se queda solo. La paz de su corazón genera conciencia de que el Señor es y salvación, defensa de la vida del hombre justo. Por eso repite confiado: ‘¿De quién tendré miedo? Mi corazón no teme… también entonces tendré confianza'».

No es la primera vez que el Pontífice se refiere a las sociedades que aplauden y promocionan el éxito exterior. Ya en repetidas ocasiones Juan Pablo II denunció la subjetividad exacerbada y los comportamientos excesivamente libres generados por la cultura de lo inmediato y de lo efímero.

Muchas veces el Pontífice condenó los riesgos a los que la sociedad somete sobre todo a los jóvenes, los cuales muchas veces dan la impresión de haber entrado muy temprano en la edad adulta y de no haber vivido el tiempo de la maduración física, intelectual, afectiva y moral, cuyas etapas no coinciden. *

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