El presidente comunista le pidió a su colega del sur que intercediera

Corea del Norte invitó al Papa

Seúl y Ciudad del Vaticano, ANSA

El vocero de la presidencia surcoreana, Park Joon Young, dijo ayer que durante la cumbre de Pyongyang el propio Jung sugirió al líder de Corea comunista la idea de invitar al pontífice, lo que fue aceptado por Kim Jong Il.

El presidente surcoreano, católico, fue recibido por el Papa en el Vaticano en marzo último, y durante la audiencia mencionó la posibilidad de mediar para que Juan Pablo II fuese invitado a Pyongyang, ante lo cual «la respuesta no fue negativa», según fuentes citadas por la agencia surcoreana Yonhap.

Según fuentes oficiales en Seúl, Kim Dae Jung ya impartió precisiones a su canciller, Lee Joung Binn, para que transmita la invitación formal al Vaticano, donde aún no se recibió comunicación oficial alguna.

Desde la Santa Sede, mientras tanto, la agencia noticiosa Fides –vinculada por el ente de las misiones católicas– afirmó que la Iglesia, y en particular la surcoreana, acoge positivamente la noticia, aunque «mantienen una cierta prudencia».

«Los católicos de Seúl esperan fuertemente que el Papa visite Corea del Norte, pero recuerdan los problemas pastorales que quedan por enfrentar antes de que la visita se pueda realizar», comentó una fuente citada por Fides.

Para que un pontífice católico realice una visita pastoral, agregaron las fuentes, es necesario que en ese país exista una Iglesia Católica, con sacerdotes, diócesis y parroquias y obispos.

«Actualmente en Corea del Norte habrá unos cuatro mil fieles, reunidos en una asociación que es más patriótica que la Iglesia patriótica china», sostuvo Fides, en referencia a la iglesia oficial de China Popular, completamente controlada por las autoridades de Pekín.

Sea como fuere, y más allá de las dificultades que aún quedan por resolver para que Juan Pablo II pueda viajar a Corea del Norte, la invitación de Pyongyang marca el fin de un largo proceso de cauteloso acercamiento diplomático entre la Santa Sede y el régimen comunista.

Recientemente el arzobispo de Seúl, monseñor Nicholas Cheong –también responsable formal de la diócesis de Pyongyang–, reafirmó su voluntad de celebrar misa en la capital del Norte, aunque no ocultó que «no será fácil lograrlo, ni siquiera con la ayuda del Señor».

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