Kirchner ya está en Olivos
Hasta ahora al menos, la combinación de un potente analgésico por un dolor de muelas con el estrés derivó en una gastroduodenitis aguda pero no en un tema político. Sin embargo, la manera como se manejó la comunicación con el público dio espacio para otras versiones, algunas disparatadas.
Si se quiere, en la ocasión se utilizó el mismo método reticente en información que se aplica para las demás cuestiones de Estado. Para aventar suspicacias, en la noche del martes Kirchner se presentó ante la prensa en el hospital de Río Gallegos donde fue atendido los últimos días para dejar establecido que anda bien, aunque se lo vio mucho más delgado, lógicamente. Es que perdió bastante sangre que obligó a transfusiones.
El único autorizado para informar fue su médico personal, Luis Buonomo que para los funcionarios más cercanos a Kirchner fue una decisión acertada: evitó que ministros puestos a opinar podrían causar distorsiones informativas que pudieran producir alarmas innecesarias por la salud del jefe del Estado.
Kirchner no quiso ser trasladado a un nosocomio más sofisticado que el de Río Gallegos, construido en tiempos que fue gobernador de Santa Cruz y está muy bien equipado y moderno. De todas maneras, algunos expertos sostienen que tratándose del Presidente, debió ser ubicado en el mejor sitio que tenga el país y a manos de los especialistas más destacados. No se trató de un acto inopinado decidir quedarse en Santa Cruz. Es que Kirchner quiere emitir señales no sólo no alarmista sino de austeridad. La habitación preparada para alguna emergencia en la Capital Federal, está en el Hospital Argerich, que es público y está ubicado en el popular barrio de la Boca.
Dentro del propio Gobierno hubo sectores que discreparon con la decisión del entorno de Kirchner de restringir la información. Un influyente secretario de Estado, que pidió a La Nación no ser identificado por la susceptibilidad que sus opiniones pudieran despertar, admitió que la salud del Presidente merecía «una presencia mediática diferente» y no «tanto silencio».
Cuando una esposa mete la pata
Hay otras opiniones. Un conocido experto en comunicación del peronismo aventuró que, paradójicamente, la situación de debilidad física de Kirchner puede beneficiarlo ante la opinión pública porque lo humaniza. «En este país hubo un presidente que logró la reelección luego que se le murió el hijo. La gente lo humanizó y se solidarizó con el dolor», dijo, en referencia al triunfo electoral de Carlos Menem en 1995.
«Kirchner aparece ahora como un presidente hiperkinético, adicto al trabajo, preocupado al máximo por los graves problemas del país, de allí su estrés. Eso a la gente le gusta, tiende a protegerlo», interpretó.
Es notorio que desde un principio hubo una tendencia evidente a minimizar la dolencia presidencial. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández llegó a decir que Kirchner no padecía problemas gástricos ni estrés, pese a que admitió que se cuidaba en las comidas y llevaba una vida sana. «Sólo lo afectó un antiinflamatorio. No tiene estrés ni gastritis», dijo categóricamente.
Sin embargo la dieta y la gimnasia aeróbica del Presidente obedecen, entre otras cosas, a la sensibilidad de Kirchner a los problemas gastrointestinales. Esto lo admitió la propia primera dama y el médico presidencial pero la mujer en lugar de ayudar a traer tranquilidad, la embarró.
Es que Cristina Fernández, que es senadora y un cuadro político respetado dijo el lunes ante los periodistas que en 1985 Kirchner padeció «una úlcera perforada y estuvo realmente muy mal». Desde entonces, afirmó, dejó de fumar y comenzó a cuidarse en las comidas.
El médico personal debió enmendarle la plana. «Le dije que metió la pata», y aclaró: Kirchner no tuvo úlcera, sino «un paquete hemorroidal y colon irritable. Es imposible que alguien tenga una úlcera perforada y no se opere. La única cicatriz que tiene el Presidente es una cirugía sobre un paquete hemorroidal, pero queda en otro sector del cuerpo humano», como todo el mundo sabe.
¿Se dijo todo? Se verá. Por ahora el Presidente a paso más lento ya está en Olivos *
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