La guerra de Irak ingresó a una nueva fase
La guerra de Irak está adquiriendo desde comienzos de abril el carácter de un levantamiento nacional contra la ocupación extranjera. Las colectividades chiíta y sunnita, antes enfrentadas, unifican y coordinan acciones contundentes, extendidas a gran parte del país, en réplica a la bestialidad de la represión de las tropas yankis, como el ataque a misilazos contra una gran mezquita de Falluja o los bombardeos a distritos pobres de Bagdad, con cientos de víctimas. A la vez, nunca fue mayor el número de muertos y de secuestrados entre los ocupantes. Pero EEUU sólo piensa en acrecentar sus tropas y en matar a los opositores.
El sentimiento nacional contra la ocupación
Voces sensatas en todo el mundo señalan que la única solución es el retiro de las tropas extranjeras y el pasaje real del gobierno a manos iraquíes. Pero ese objetivo se aleja cada vez más. El propósito del gobierno de Bush es prolongar sin término su presencia, acaparar las riquezas del país empezando por el petróleo e imponer su dominio a sangre y fuego. La perspectiva inmediata es la agudización de los enfrentamientos.
Un año atrás, cuando se dio término oficialmente a la invasión, la resistencia se limitaba al triángulo sunnita, donde prevalecía la influencia de Saddam Hussein (que dicho sea de paso, y en violación una vez más de la ley internacional, acaba de ser trasladado en secreto por avión a Qatar). Ahora se extiende a gran parte del país. El acuerdo entre chiítas y sunnitas introduce un cambio cualitativo. Prevalece el sentimiento nacional iraquí contra la ocupación. En los primeros 12 días de abril fueron muertos 70 soldados norteamericanos (650 desde el inicio de la invasión), derribado un Apache y hay 23 secuestrados o desaparecidos de diversas nacionalidades. Entre éstos, dos soldados y siete civiles estadounidenses, casualmente empleados de la petrolera Halliburton, que a través de su subsidiaria Kellog, Brown & Root alarga la zarpa sobre los hidrocarburos iraquíes (y otras menudencias). Las celebraciones religiosas, como la que reunió más de dos millones de personas en Kerbala, ciudad santa chiíta del centro, o la de Najaf, se transforman en actos por el retiro de las tropas y por un gobierno propio.
Vimos una rueda de prensa en que los máximos jefes militares yankis Ricardo Sánchez y John Abizaid afirmaron que en sus operativos los infantes de marina habían realizado «un trabajo excepcional» para no dañar a los civiles. Es una mentira en toda la línea, como lo fueron las explicaciones sobre «víctimas colaterales» tanto en Kosovo (bombardeo a gente que cruzaba un puente o a la embajada china) como en Afganistán (matanza a los asistentes a una boda). Por el contrario, el bombardeo a la mezquita Abdul Aziz al-Samarrani de Falluja se produjo cuando los fieles estaban congregados para la oración y en Bagdad fueron dinamitados edificios enteros en barrios populares, con toda la gente adentro. En Falluja en una semana mataron a más de 400 iraquíes y hubo un millar de heridos. El relato del velatorio de un niño de tres años (La Voz de Galicia, 11 de abril) es estremecedor.
Quién pone los muertos
Las declaraciones de Bush y de los mandos militares revelan que EEUU proyecta seguir por ese camino. En primer lugar se proponen elevar el número de tropas. Pidieron dos brigadas móviles, 10 mil hombres, para sumar a los 135 mil que ya operan sobre el terreno. Debían ser 115 mil, pero quienes hubieron de ser repatriados no lo fueron, y la misma suerte amenaza ahora a otros destacamentos. Hace un año Rumsfeld decía que alcanzaba con 30 mil hombres. Podemos imaginar los sentimientos de las familias de estos soldados. La otra medida es capturar y matar a Muqtar al-Sadr, líder de las milicias chiítas (el Mehdi) que se puso al frente del levantamiento. Así lo declararon los generales citados, con todo cinismo. Lo mismo que hizo Sharon con el jeque Ahmed Yassin, y cabe recordarlo ahora que se reúne con Bush. Dos sembradores de la muerte, en Irak y en los territorios palestinos.
EEUU quiere que otros países pongan los muertos. Ante todo a los propios iraquíes, y con ese fin adiestra a la policía y a destacamentos de ejército locales, para que se maten entre hermanos. Algunos se negaron a combatir; o desertaron, o se negaron a ir a Falluja. EEUU desea incluso embarcar en el operativo a la OTAN, ahora extendida al este. Lo que sí ha logrado es que Corea envíe 3.500 hombres, el mayor contingente después de EEUU y Gran Bretaña.
La medida del odio
Maureen Dowd escribió en The New York Times: «La Casa Blanca no quiere reconocer la medida del odio contra los norteamericanos que existe entre los iraquíes». Una gran verdad. Entre tanto se prepara la agravación de la masacre, de imprevisibles consecuencias. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad