El Pontífice cerró el Viernes Santo con el Vía Crucis nocturno alrededor del Coliseo

El Papa confesó a pecadores

Incapacitado por la enfermedad de Parkinson, el anciano pontífice, que en mayo cumplirá 84 años, no pudo ser instalado dentro de uno de los confesionarios de la basílica, como lo hacía anteriormente, por lo que fue creado uno especial para la ocasión.

Escondido por el biombo colocado al lado derecho de la basílica, el pontífice escuchó a los peregrinos, quienes arrodillados sobre una tarima contaban sus pecados.

Once fieles  seis mujeres y cinco hombres  entre ellos un minusválido y una española, que se agregó a último momento, se confesaron ante el jefe de la Iglesia Católica.

Juan Pablo II lanzó hace dos años una verdadera campaña dentro de la iglesia para que se reanude la práctica de la confesión, que atravesaba una grave crisis.

En una carta personal, el Papa pidió a todos los sacerdotes que respeten la doctrina católica y se presten a escuchar «la confesión individual e integral y a dar la absolución, que es el único medio que permite a un creyente consciente de un pecado grave de reconciliarse con Dios y la Iglesia».

Tras las reformas del Concilio Vaticano II, numerosos sacerdotes imparten penitencias y absoluciones colectivas, lo que es considerado un gesto excepcional dentro de la Iglesia. En la tarde, el Papa presidió la liturgia del viernes que evoca la pasión de Cristo y luego se trasladará al Coliseo, hacia las 19H15 GMT, para el Vía Crucis nocturno alrededor del Coliseo. Este año, han sido escogidos para cargar la cruz entre las 14 estaciones, una joven española de Madrid, un franciscano procedente de Tierra Santa y una religiosa de Burundi, quienes representan las tragedias que acosan al mundo. *

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