La matanza de Madrid traumatizó a los españoles
Los videos en los que aparecen hombres encapuchados amenazando a España con un baño de sangre, como el grabado por el comando islamita supuestamente responsable de los atentados de Madrid antes de su suicidio colectivo con explosivos en un apartamento de Leganés, periferia sur de Madrid, no son una novedad para los españoles.
Los independentistas armados vascos de ETA (Euzkadi Ta Askatasuna – Patria Vasca y Libertad), que desde 1968 han matado a más de 800 personas en España, ya los habían familiarizado con el método y el lenguaje.
Pero los 191 muertos y los 1.900 heridos del 11 de marzo, reivindicados por la red terrorista Al Qaeda, que desde entonces ha amenazado con nuevos ataques, provocaron una respuesta ciudadana sin precedentes, que por primera vez fue víctima del terrorismo internacional.
Al día siguiente de los ataques contra cuatro trenes suburbanos, un español de cada cinco salió a la calle para participar en las manifestaciones más masivas en la historia española, que reunieron a más de 11,6 millones de personas para repudiar el terrorismo.
Hay que remontarse al 15 de febrero de 2003 para encontrar una manifestación de esas características, en la que entre tres y cinco millones de españoles salieron a la calle para protestar contra la guerra de Irak. Ni el asesinato del concejal Miguel Angel Blanco por parte de ETA en julio de 1997 (1,5 millones de personas en Madrid y un millón en Barcelona), ni el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (1,2 millones de manifestantes) habían movilizado a tanta gente.
El impacto exacto en el resultado de las elecciones generales del 14 de marzo pasado, en las que triunfó inesperadamente el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero sobre el Partido Popular (PP, derecha) de José María Aznar, seguirá siendo, por ahora, un asunto de debate de los expertos.
Numerosos políticos y analistas conservadores en Europa, pero también en Estados Unidos, coinciden en que el resultado de las urnas fue un reflejo del miedo, pues el PSOE había prometido durante la campaña que retiraría las tropas españolas de Irak. Justamente lo que exigen los islamitas.
Zapatero y todo el aparato socialista trabajan para contrarrestar esa hipótesis afirmando que «el pueblo español no tiene miedo. Es un pueblo valiente».
Tras las manifestaciones contra la guerra de Irak, el propio Zapatero había destacado: «Tenemos un gobierno que se opone a la mayoría» de los españoles. En todo caso, el 11 de marzo logró movilizar a los abstencionistas gracias al efecto catalizador de lo que el dirigente comunista Gaspar Llamazares calificó de «golpe de Estado mediático». Hasta la víspera de los comicios, el gobierno saliente se aferró, a través de todos los medios de comunicación a su alcance, en atribuir los atentados del 11 de marzo a ETA, y no a la pista islámica, que le resultaba potencialmente perjudicial. Los medios de comunicación públicos participaron en esa operación hasta poner en incómoda situación a su personal, en un intento por mantener fuera de la vista de los electores el tema de Irak y las concentraciones de protesta espontáneas en varias ciudades españolas. «Nuestros muertos no se manipulan» o «Antes de votar, queremos la verdad» e incluso «Aznar, por tu culpa pagamos todos» o «Los bombas de Irak han estallado en Madrid», fueron algunos de los eslóganes escuchados en las manifestaciones que se produjeron en los tres días siguientes a los ataques.
Las imágenes de los trenes reventados en la estación de Atocha trajeron a la memoria los bombardeos de los aliados franquistas sobre Madrid durante la Guerra Civil (1936-39), el único recuerdo posible de ese estilo en un país que no participó en ninguna de las dos guerras mundiales. *
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