En el primer aniversario de la caída de Saddam Hussein

Irak vive en medio del caos

La guerrilla, que hasta el momento llevaba su acción al campo de batalla contra las tropas de la coalición y las fuerzas iraquíes, adoptó la táctica de los secuestros para aumentar la presión sobre Washington y sus aliados.

Seis extranjeros secuestrados en los últimos días, tanto en las regiones sunitas como en las chiítas, continuaban retenidos este viernes. Se trata de dos cooperantes y un fotógrafo japoneses, dos palestinos, uno naturalizado israelí y otro de nacionalidad canadiense, y un consultor civil británico.

Japón anunció que no retirará sus tropas de Irak pese a las amenazas de los secuestradores de que quemarán vivos a los tres ciudadanos nipones.

Por otra parte, el dirigente radical chiíta Moqtada Sadr exigió este viernes al presidente norteamericano George W. Bush que retire sus tropas de Irak o de lo contrario tendrá que hacer frente a una «revolución».

«Me dirijo a mi enemigo Bush. Combates ahora a toda una nación, del sur al norte, del este al oeste, y te aconsejamos que retires (las tropas) de Irak», declaró Moqtada Sadr en la plegaria leída por uno de sus representantes en Kufa (centro).

Moqtada Sadr inició una huelga de hambre en protesta por las «masacres estadounidenses», afirmó este viernes un miembro de su entorno.

El jefe chiíta es el alma de la insurrección desencadenada desde el domingo por los milicianos de esta confesión que ha dejado centenas de muertos. La ciudad rebelde sunita de Faluja, al oeste de Bagdad, se convirtió en el símbolo de esta revuelta, que logró unir a chiítas y sunitas.

El administrador norteamericano Paul Bremer había anunciado el viernes la suspensión de la ofensiva en Faluja, escenario de intensos combates desde el lunes, para «permitir la celebración de una reunión de miembros del Consejo de Gobierno (transitorio iraquí) y dirigentes musulmanes locales con los jefes de las fuerzas anti-coalición».

Pero poco después, un oficial superior norteamericano presente en Faluja declaró que la suspensión de las operaciones militares había concluido. En la ciudad se escuchaban disparos de armas automáticas del lado norteamericano, mientras que los rebeldes lanzaban cohetes y obuses de mortero.

Dos iraquíes murieron y 12 resultaron heridos en enfrentamientos este viernes entre milicianos chiítas y fuerzas de la coalición entre Nayaf y Kufa.

Un obús cayó cerca del hotel Sheraton de Bagdad, donde se encuentran muchos periodistas extranjeros, sin dejar víctimas.

Por otra parte, un británico fue muerto en Irak, anunció este viernes a la AFP una portavoz del Foreign Office (cancillería británica), aunque no ofreció más detalles sobre las circunstancias de su muerte. La cadena de televisión británica de información continua Sky News, señaló que el hombre fue abatido en Bagdad y trabajaba para una empresa estadounidense.

Un soldado norteamericano y un civil iraquí murieron también en un ataque en el oeste de Bagdad, declaró el viernes el general estadounidense Mark Kimmitt, jefe adjunto de operaciones militares de la coalición.

Veinte iraquíes, entre ellos tres policías, resultaron heridos en enfrentamientos entre soldados norteamericanos y hombres armados durante una manifestación en Baaquba, 60 km al norte de Bagdad.

En el terreno político, el ministro iraquí de Derechos Humanos, Abdel Bassat Turki, renunció a su cargo, al día siguiente de la dimisión del responsable de la cartera del Interior, Nuri Badrán, anunció la administración civil norteamericana.

La situación actual en Irak es «la más seria a la que nos hemos visto confrontados», declaró el viernes el ministro británico de Relaciones Exteriores Jack Straw.

Desde el lunes, más de 400 iraquíes han muerto y otros 1.000 han resultado heridos en los enfrentamientos entre el Ejército de Estados Unidos y los combatientes anti-coalición, indicó este viernes Hatem al-Husseini, un ayudante del miembro del consejo Muhsin Abdul Hameed del Partido Islámico iraquí, con datos de hospitales.

En las filas de la coalición, más de 40 soldados han muerto en menos de una semana.

Un año después de la caída del régimen de Saddam Hussein, Irak se convirtió en una herida abierta para Estados Unidos y objeto de discordia entre los norteamericanos, a menos de siete meses de las elecciones presidenciales.

Las encuestas de opinión muestran que una mayoría de estadounidenses desaprueba la manera como el presidente George W. Bush administra la situación en Irak, la oposición demócrata no duda en hablar de un nuevo Vietnam y de un «pantano» iraquí, y las familias de unos 130.000 soldados estadounidenses desplegadas en Irak viven en la angustia de perder a uno de los suyos.

A un año de la caída de Bagdad, las fuerzas de la coalición deben ahora luchar en dos frentes: Contra los sunitas fieles al ex régimen y los chiítas radicales liderados por Moqtada Sadr.

«No retrocederemos, no ganarán y nuestra resolución es inquebrantable», dijo Bush desde su rancho de Crawford (Texas, sur), donde pasa sus vacaciones de Pascua. La administración estadounidense continúa manteniendo el 30 de junio como fecha para la transferencia de poderes a los iraquíes.

La situación sobre el terreno no cesa de deteriorarse. Los combates duplicaron la violencia el viernes en la zona sunita al oeste de Bagdad y Sadr puso al presidente Bush ante la disyuntiva de retirar sus tropas o enfrentar una «revolución».

Cerca de 650 soldados estadounidenses murieron en Irak y cerca de 3.000 fueron heridos desde el inicio de la guerra. Las imágenes bastante difundidas en la televisión de cuatro civiles estadounidenses asesinados y mutilados en Faluja impactaron a la opinión pública. *

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