El subte porteño paralizado en típica "huelga salvaje"

En una típica huelga «salvaje», las cinco líneas de subterráneo porteño y el Premetro están desde el viernes paralizadas por el conflicto gremial en la empresa concesionaria Metrovías, donde los trabajadores se oponen a la instalación de máquinas expendedoras de boletos y reclaman que se cumpla con la reducción de la jornada laboral a seis horas.

De hecho, la medida de fuerza es por tiempo indeterminado y está dirigida por el cuerpo de delegados que desconoce un convenio firmado por el sindicato de trabajadores del gremio automotor, instalado en la llamada CGT disidente que lidera el camionero Hugo Moyano.

Por eso, la huelga se sostiene con piquetes en las cabeceras de cada línea. El cuerpo de delegados es de tendencia clasista donde prevalecen cuadros del Partido Obrero (trosquista) y los trabajadores cuentan con el respaldo de organizaciones de trabajadores desocupados (piqueteros) de las corrientes con menos diálogo con las autoridades.

En las estaciones de cabecera como Constitución, Congreso de Tucumán, Plaza de los Virreyes, Primera Junta y Federico Lacroze grupos de trabajadores permanecen en el lugar y, cada vez que un tren intenta salir, se acuestan en las vías para impedirlo. La empresa denunció el bloqueo de los túneles y pidió la intervención judicial para desalojar a los huelguistas y envió cerca de un centenar de telegramas de despido.

Mientras la concesionaria sostiene que no negociará con los trabajadores en huelga y aguarda que intervenga un juez para desalojar los túneles bloqueados, hay algunas gestiones con las autoridades laborales.

Todo tiene su comienzo y en esta historia eso ocurrió cuando la empresa firmó un acuerdo con la Unión Tranviarios Automotor (UTA), enfrentada al cuerpo de delegados del Metro.

Los huelguistas dicen que el sindicato y la empresa modificaron las condiciones de trabajo sin consultar a los trabajadores como marca la ley.

Hay razones fuertes para la protesta porque el convenio firmado, aunque reconoce la reducción de la jornada laboral de 8 a 6 horas porque el trabajo es insalubre, tiene cláusulas de flexibilización y autoriza a la empresa a colocar expendedores automáticos de pasajes que temprano a tarde redundarán en despidos. O que no se tomen trabajadores cuando se habiliten extensiones, o empiece a funcionar el sexto ramal en construcción.

Pero además en la ocasión confrontan posiciones y criterios de lucha: el del sindicato versus el cuerpo de delegados que en los subterráneos viene funcionando como el espacio de organización de los trabajadores.

En los últimos dos años impulsó el reclamo por la jornada laboral de seis horas, con medidas de fuerza que desbordaron al sindicato. La reducción de la jornada, una medida motivada por la insalubridad de las tareas en los túneles en los que hay poco oxígeno y altos niveles de ruido, ya se consiguió en los papeles pero ahora hay tironeos para implementarla.

El acta firmada entre la UTA y Metrovías fija el compromiso de una jornada laboral de seis horas a partir del 21 de abril. Sin embargo, los delegados señalan que contiene puntos engañosos. Y como se señaló la introducción de máquinas expendedoras.

Este enfrentamiento entre delegados de base clasistas y los sindicatos controlados por corrientes del peronismo tiene cada vez más fuerza y se ha dado con cierta frecuencia en los gremios gráficos, ferroviarios o de la alimentación.

Tanto el Partido Obrero como el Comunista, que controlan organizaciones de piqueteros, impulsan corrientes de tendencia clasista en los sindicatos que busca modificar la correlación de fuerzas en el movimiento obrero.

La magnitud del paro se medirá hoy luego del fin de semana largo y se sabrá si se judicializa el conflicto, camino que al Ministerio de Trabajo no le satisface porque puede llevar al desalojo forzado de las líneas bloqueadas es decir, la represión. Veremos. *

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