Repercusiones del reclamo masivo contra la inseguridad

El gobierno argentino intenta comprender la ola de indignación

El jefe de gabinete Alberto Fernández estuvo de acuerdo con este corresponsal que la derecha intentará sacar réditos de esa movilización como lo revela el respaldo a la convocatoria que le otorgaron los diarios económicos y varios canales de televisión, pero no explicó en rueda con la prensa extranjera, cuál es la lectura política de lo ocurrido, si servirá para respaldar el decidido rumbo contra la impunidad que marca el Presidente o si es un llamado de atención de que se ocupe menos del pasado y más de lo que está ocurriendo ahora con la ola de delitos, inseguridad y participación evidente de la policía bonaerense en esta clase de delitos.

Fernández reveló que casi todos los implicados en el secuestro y muerte del joven Axel están detenidos pero no precisó si existen vínculos en este caso entre la policía bonaerense y los delincuentes.

La movilización, 150.000 personas sólo en la Capital Federal (sin contar actos en algunos barrios) ha sido observada como un acto contra Kirchner por el espacio de la derecha. Y hay motivos para así razonar, pero es, de todas maneras, un juicio demasiado sesgado.

En general, y el jefe de gabinete se lo dijo a LA REPUBLICA, la multitud fue heterogénea, con gritos de desesperación que se comprenden, que en gran parte se incluye en lo que La Nación llama como «la mayoría silenciosa», alejada antes de cualquier compromiso, antecedente que parece hacer suponer a las autoridades que la cosa no pasará a mayores.

Al borde del «que se vayan todos»

Es un debate que recién se inicia. El escritor Andrés Rivera, cuyas simpatías de izquierda son notorias, le dijo a Clarín que la manifestación del jueves «tuvo la espontaneidad casi instintiva de buena parte de la sociedad que de un modo u otro advierte que en episodios tan atroces como éste están comprometidas las fuerzas de seguridad».

«Está la diferencia de los cacerolazos o las marchas contra el corralito (ocurridos a finales de 2001). La sociedad va perdiendo lentamente el miedo que instauró la dictadura. Del 24 de marzo de 1976 hasta el 83 desaparecieron jóvenes como Axel Blumberg y la sociedad permaneció en silencio y miró para otro lado. Lo cierto, lo queramos o no, así se prohijó a quienes hoy siguen gozando de impunidad. Que no son sólo delincuentes comunes», sostiene el autor de «La Revolución es un sueño eterno».

Martín Granovsky, columnista de Página/12, define a Juan Carlos Blumberg como algo parecido a un profeta más que un líder tradicional que usó su poder «para no alentar la ola antipolítica que brotaba de los convocados», pero pone de relieve que: «Si Blumberg hubiera llamado a quemar el Congreso, una parte lo hubiera hecho».

Complejo. Algo ha pasado y no inopinadamente, y ya se sabe que el drama de la inseguridad no tiene respuestas a corto plazo aunque la Cámara baja se apresta a aprobar la semana próxima reformar al Código Penal en la «dureza» mayor reclamada en la movilización.

Los analistas coinciden que la señal ha sido masiva, y que no puede ser desconocida. Dependerá de la manera que Kirchner (que mantiene un alto grado de popularidad) lidere la transformación de la «maldita policía» de la provincia de Buenos Aires, en el epicentro de estos dramáticos episodios.

Pero no tiene todo el tiempo disponible. *

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