Sharon amenaza a Yasser Arafat
Cuando las declaraciones de Sharon llegaron ayer de mañana a las oficinas de la Muqata -su semidestruido cuartel general de Ramallah (Cisjordania)- Arafat reaccionó con «cólera», según el líder del Partido Comunista Israelí, Muhammad Barake, quien estaba con él.
La situación -admitió Nabil Abu Rudeina, un colaborador de Arafat- está despertando preocupación en la cúpula de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
La eliminación del líder de Hamas, jeque Ahmed Yassin, hace casi dos semanas en Gaza, y las amenazas a Arafat (y al líder de los guerrilleros chiítas pro iraníes Hezbolá, Hassan Nasralá) «no deben ser subestimadas», dijo en Jericó el premier palestino, Abu Ala (Ahmed Qrea).
Lo hizo durante una reunión con una delegación de tres responsables norteamericanos del Departamento de Estado y del Consejo para la Seguridad Nacional.
«Sharon quiere encender en la región un incendio que no podrá ser apagado», comentó ayer Arafat, según dijo Barake. Luego, el presidente palestino agregó: «Pero yo soy un hueso duro, incluso para Sharon. Trece veces intentó eliminarme y nunca lo logró».
En los anticipos de las entrevistas, Sharon volvió en realidad sobre declaraciones precedentes.
Confirmó que Arafat es un «impedimento» para el proceso de paz y agregó que «mientras él exista, Abu Alá no podrá convencer a ningún agente palestino ni siquiera cruzar la calle» (y aun menos, dio a entender, de luchar contra los grupos armados de la Intifada).
Además dijo que quienes insisten en enviar terroristas en misiones homicidas contra israelíes «tienen sangre sobre la cabeza».
Se trata de una cita bíblica que significa que la muerte puede sorprenderlos en cualquier momento.
En la capital norteamericana, el subsecretario de Estado Richard Armitage reiteró que Israel no debe ni matar ni enviar al exilio a Arafat.
«Nuestra posición es bien conocida sobre el asesinato o el exilio de Arafat. Nos oponemos y se lo dejamos en claro al gobierno de Israel», dijo Armitage a periodistas en el Departamento de Estado.
Con estas amenazas a Arafat, Sharon comenzó desde su hoy su campaña entre los 230.000 miembros del Likud para convencerlos de apoyar su plan de retiro unilateral de las colonia de Gaza, al que más de la mitad de los ministros de su partido se oponen, en diversas medidas.
Para sortear el obstáculo en el seno del gobierno y en el Comité Central del Likud, Sharon obtuvo el martes del Congreso de su partido el permiso para dirigirse a toda la base. El escrutinio podría realizarse en mayo, y el premier no tiene tiempo que perder.
Por eso el Sharon que ayer ocupó las primeras planas es un poco halcón y un poco paloma, en dosis bien calculadas que deberían persuadir a los miembros del Likud de que el precipitado retiro de Gaza (hace sólo seis meses el premier declaraba que la colonia de Netzarim, en Gaza, equivalía en importancia a Tel Aviv) no significa en absoluto que el viejo general se haya ablandado.
Así fue que empezaron las amenazas a Arafat y a Nasralá; sumadas a las amenazas -nuevas- de «expulsar a decenas de miles de palestinos, establecidos ilegalmente en Israel, una vez completada la barrera de separación» con Cisjordania. *
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