Por el escándalo de sobornos que debilitó al jefe de gabinete José Dirceu

Gobierno de Lula denuncia una "conspiración" en su contra

El martes pasado fue difundida una grabación de un trecho de una conversación, que tuvo lugar de madrugada en el despacho del procurador José Roberto Santoro, en la que se oye a éste urgiendo al «bicheiro» (empresario del juego clandestino del bicho) Carlos Ramos a entregar el video antes de que llegue el procurador en persona, Claudio Fonteles, quien podría tener sospechas sobre ese encuentro.

«Dentro de poco llegará el Procurador y me va a decir: ‘¿usted está queriendo ensartar a José Dirceu?’ (…) Va a decir: ‘el cabrón de Santoro resolvió derribar al gobierno del PT (Partido de los Trabajadores), se arregló con un periodista, se reunieron con un bicheiro y resolvieron tomar declaración en medio de la noche», afirma Santoro.

El video por el que Santoro mostraba tanto interés, en la madrugada del 12 de febrero, es el que se difundió al día siguiente mostrando a Waldomiro Diniz, un asesor de Dirceu, cuando pedía coimas electorales al propio Carlos Ramos, más conocido como ‘Carlinhos Cachoeira’ (Carlitos Catarata).

La reacción del gobierno no se hizo esperar: «La cinta denota una especie de conspiración. Lo que se verificó fue que lo que se pretendía era perjudicar al ministro José Dirceu y al gobierno Lula», dijo el miércoles el ministro de Justicia, Marcio Thomaz Bastos.

Dirceu, que desde el inicio del caso veía detrás de todo la mano de la oposición, se dijo «aliviado».

Las tesis de la conspiración fue adoptada por los principales operadores del oficialismo, que afirmaron que tanto Santoro como el periodista presente en la charla eran conocidos por sus vínculos con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, del ex presidente Fernando Henrique Cardoso) y con su líder José Serra, derrotado por Lula en las elecciones de 2002.

«No voy a nombrar a nadie (…) pero todo el mundo sabe dónde trabajó Santoro, en el gobierno del PSDB», dijo el presidente del PT, José Genoino, en alusión a su contratación por el ministerio de Salud, en 1999, para participar en una comisión durante 18 meses, cuando Serra era ministro.

La líder del PT en el Senado, Ideli Salvatti, sacó a relucir un discurso del ex presidente José Sarney, actual presidente del Senado, quien en 2002 dijo que Santoro formaba parte «de la tropa de choque de Serra en el aparato policial y de investigación» sobre las denuncias contra su hija, Roseana Sarney.

La acción de Santoro puso fin a sus aspiraciones presidenciales, como candidata del Partido del Frente Liberal (PFL-derecha), aliado del PSDB, dejando el camino libre a Serra.

Esas insinuaciones irritaron a Serra, quien acusó al PT de buscar un «chivo expiatorio» y de tratar de «tender una cortina de humo sobre los escándalos del gobierno y del juego organizado».

La oposición afirmó que la nueva grabación, así como las denuncias de «conspiración», justificaban más que nunca la formación de una comisión parlamentaria de investigación (CPI), que el gobierno rechaza por considerar que trancaría su agenda en el Congreso.

Genoino ve ahora en ese pedido «el brazo legislativo de esa articulación política oculta».

El presidente de la Cámara de Diputados, João Paulo Cunha, llamó a poner fin a esta guerra de revelaciones por medio de grabaciones o videos. «Este negocio del espionaje, de las escuchas, debería acabar, porque no ayuda a la democracia», afirmó. *

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