Faluja es escenario de ataques cotidianos, disparos y manifestaciones contra las fuerzas de ocupación

Odio en el "triángulo sunita"

A casi un año de la caída del régimen del dictador iraquí Saddam Hussein, Faluja y las regiones vecinas son el escenario de ataques cotidianos, disparos y manifestaciones de protesta contra las fuerzas de la ocupación.

Pero el horror surgió el miércoles de la ciudad cuando habitantes encolerizados cortaron en pedazos los restos carbonizados de dos de los cuatro civiles estadounidenses muertos en una emboscada. La turba lapidó los cuerpos y bajo los aplausos los colgó de los arcos de un puente.

Las imágenes de este terrible incidente fueron la noticia principal de los medios de comunicación del mundo entero, y recuerdan las macabras escenas de la muerte de soldados estadounidenses en Somalia en 1993, y que terminó con el retiro de Estados Unidos del país.

«Lo que pasó es terrible, pero no hay que exagerar el impacto, ya que los norteamericanos están en Irak con una misión diferente», indicó una fuente diplomática.

Pero este incidente dejó en evidencia el aumento del odio en Faluja, corazón del «Triángulo sunita», al noroeste de Bagdad en donde los ataques de rebeldes continúan sin interrupción y dejan víctimas a pesar de las operaciones de las fuerzas de la coalición y las detenciones.

«Los estadounidenses pueden haber sido víctimas de la guerrilla, pero fueron mutilados por los habitantes, está claro que el hombre de la calle tiene odio», continuó esta fuente diplomática.

Como en cada ataque, la coalición acusó a los partidarios de Saddam Hussein y a los miembros de la organización terrorista Al Qaeda de ser los responsables del incidente y el administrador civil Paul Bremer prometió que los autores «no quedarán impunes».

La ciudad sunita de Faluja, que fue desheredada durante el régimen de Saddam Hussein, no es un lugar en donde los partidarios al ex dictador son fuertes.

Faluja y las otras regiones de la provincia de Al Anbar (oeste de Irak) están dirigidas por tribus sunitas conservadoras que resistieron tradicionalmente a los ocupantes extranjeros e incluso a los gobiernos que intentaron controlarlas por la fuerza.

Durante el régimen anterior, los imanes de Faluja rechazaron someterse a las órdenes en las que se les pedía que elogiasen al dictador en sus plegarias.

Faluja, cuyo sobrenombre es «ciudad de las mezquitas», alberga numerosas corrientes sunitas y escuelas religiosas, entre ellas los Salafistas. Pocos partidos políticos son representados en esta ciudad, con la excepción de algunos grupos islamitas y movimientos que piden la restauración de la monarquía hachemita, descendiente del profeta Mahoma. *

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